Preparación del entorno
Reconocimiento previo de la sala y prueba de sonido
La familiaridad con el espacio físico reduce drásticamente la incertidumbre y, por ende, el miedo escénico.
Un orador profesional nunca llega al evento al mismo tiempo que la audiencia; llega con antelación suficiente (idealmente una hora o durante los descansos previos) para realizar un reconocimiento del terreno.
Esta inspección incluye caminar por el escenario para detectar zonas de sombra, obstáculos o crujidos en la tarima, y realizar una prueba de sonido exhaustiva.
No basta con decir "hola" al micrófono; se debe hablar con el volumen y la intensidad real que se usará, pidiendo a los técnicos que ajusten la ecualización para evitar sonidos metálicos o demasiado graves.
Gestión del espacio y la audiencia
Conocer las dimensiones de la sala permite planificar la energía necesaria. Si el recinto es enorme pero la asistencia es escasa, la energía se disipará en el vacío, haciendo que la presentación se sienta fría.
En estos casos, una táctica efectiva es solicitar proactivamente a los asistentes que se muevan hacia las filas delanteras, compactando al grupo.
Esta acción de "agrupar" a la audiencia mejora la acústica, facilita el contacto visual y crea una atmósfera de mayor intimidad y densidad emocional, lo cual beneficia tanto al orador como a los oyentes.
Tener el control sobre la disposición física del entorno es el primer paso para tener el control sobre la dinámica de la comunicación.
Resumen
Reconocer el espacio físico pr
preparacion del entorno