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Lectura del público en vivo

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Lectura del público en vivo


Identificación del "Ancla" (aliado positivo)

Una vez en el escenario, la teoría se encuentra con la realidad. El orador debe escanear la sala para encontrar puntos de apoyo psicológico. En casi cualquier audiencia, existe la figura del "Ancla" o aliado positivo.

Se trata de esa persona que, de manera natural, muestra señales no verbales de aprobación: asiente con la cabeza, mantiene contacto visual constante, sonríe ante los comentarios y toma notas con interés. Esta persona es un salvavidas emocional.

Cuando el orador siente que los nervios afloran o percibe una caída en la energía de la sala, debe dirigir su mirada hacia el aliado.

Recibir ese feedback positivo instantáneo (una sonrisa, un gesto de afirmación) recarga la confianza y valida el desempeño en tiempo real.

Establecer este vínculo visual ayuda a calmar la ansiedad y a recordar que el mensaje está llegando.

No se trata de hablarle solo a él, sino de usarlo como punto de retorno seguro para estabilizar la propia seguridad interna antes de volver a dirigirse al resto del grupo.

Identificación del "Escéptico" y no obsesionarse con él

En el extremo opuesto se encuentra el "Escéptico" o detractor silencioso.

Es aquel individuo que adopta una postura cerrada, brazos cruzados, ceño fruncido o mirada de desaprobación.

También puede manifestarse como alguien visiblemente aburrido o distraído con su dispositivo móvil.

El instinto natural, movido por el ego y la inseguridad, lleva al orador a obsesionarse con esta persona, intentando "convencerla" o "ganársela". Esto es un error táctico grave.

Al centrar la atención en el elemento negativo, el orador absorbe esa hostilidad, lo que incrementa su nerviosismo, le hace dudar de su contenido y puede volverle defensivo o agresivo. Además, se descuida al resto de la audiencia que sí está interesada.

La estrategia correcta es notar su presencia pero no permitir que secuestre el foco mental.

Se debe asumir que no se puede complacer al 100% de la sala y redirigir la energía hacia quienes sí están receptivos.

A menudo, la actitud del escéptico no tiene nada que ver con el orador, sino con problemas personales externos; no hay que tomarlo como algo personal.

Resumen

Escanear la sala permite identificar al aliado positivo o ancla. Sus señales de aprobación, como asentir, recargan la confianza y validan el desempeño en directo.

No debemos obsesionarnos con el escéptico o detractor silencioso. Centrar la atención en lo negativo incrementa el nerviosismo, descuidando a quienes sí están realmente interesados.

Establecer vínculos visuales seguros ayuda a calmar la ansiedad. Redirigir la energía hacia personas receptivas garantiza un control emocional óptimo durante toda la intervención pública actual.


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