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La zona de gestión

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La zona de gestión


El recuadro imaginario entre hombros y cintura

Para lograr una comunicación no verbal efectiva, es fundamental delimitar el espacio físico donde deben ocurrir los gestos manuales.

Existe una "caja de poder" o área operativa específica donde la gesticulación resulta natural y congruente para la audiencia.

Esta zona se sitúa, verticalmente, desde la altura de la cintura hasta la línea de los hombros o el cuello.

Mantener las manos dentro de este cuadrante asegura que los movimientos sean visibles sin resultar invasivos ni exagerados. Cuando el orador gesticula en este espacio medio, transmite control y equilibrio.

Si las manos caen constantemente por debajo de la cintura, la imagen proyectada pierde energía y vitalidad, dando una sensación de apatía o desconexión.

Por el contrario, si los gestos se realizan excesivamente altos, se pierde la naturalidad.

Es crucial habituarse a mantener las manos "flotando" en esta franja media, listas para enfatizar una idea, en lugar de dejarlas caer inertes a los costados como si fueran pesos muertos.

Por qué no tapar el rostro ni bajar de la cintura

La visibilidad del rostro es innegociable en la oratoria, ya que es la principal fuente de información emocional.

Un error técnico común es elevar las manos por encima de la línea de los hombros, llegando a ocultar parcial o totalmente la cara del orador.

Interponer las manos frente a la boca o los ojos rompe el canal de comunicación visual con el público, generando una barrera física que se traduce en una barrera psicológica de desconfianza.

Del mismo modo, gesticular por debajo de la cintura resulta ineficaz porque los movimientos quedan fuera del campo visual primario de la audiencia, especialmente en auditorios grandes o si el orador está detrás de un atril.

La gesticulación baja suele asociarse instintivamente con instintos básicos o falta de refinamiento.

Por tanto, la disciplina corporal exige mantener los brazos activos y las manos visibles en la zona torácica y abdominal, garantizando que cada movimiento complemente el discurso sin sabotear la conexión facial.

Resumen

Delimitar el espacio físico para los gestos entre hombros y cintura es fundamental. Esta zona operativa asegura visibilidad sin resultar invasiva, proyectando control y equilibrio.

Gestos por debajo de la cintura pierden vitalidad proyectando apatía o desconexión. Movimientos muy altos restan naturalidad; las manos deben flotar siempre en la franja media.

Nunca debe taparse el rostro pues es la fuente emocional principal. Gestos altos bloquean comunicación visual; gesticulación baja suele asociarse con falta de refinamiento técnico.


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