Investigación previa
Preguntas clave: Quiénes son, qué saben, qué esperan
La improvisación total es un riesgo innecesario. Antes de subir al escenario, el orador debe realizar una labor de inteligencia táctica sobre su audiencia.
El éxito de la comunicación depende de la relevancia, y la relevancia se consigue respondiendo a tres incógnitas fundamentales: identidad, conocimiento previo y motivación.
Saber quiénes son implica entender el perfil profesional y humano del grupo. No se aborda igual a un comité de dirección financiera que a un grupo de creativos publicitarios; sus prioridades y lenguajes son distintos.
La segunda incógnita es qué saben. Asumir que la audiencia ignora el tema puede resultar ofensivo (explicar obviedades), mientras que asumir que son expertos puede llevar a un discurso incomprensible.
El punto de partida debe ajustarse al nivel real de competencia del grupo para construir puentes de conocimiento efectivos.
Finalmente, entender por qué están allí revela sus expectativas. ¿Buscan inspiración, datos técnicos, o simplemente cumplir un trámite? Alinear el objetivo de la charla con la necesidad latente del público es la llave de la persuasión.
Adaptación demográfica (edad, cultura, profesión)
El contexto demográfico dicta el código de la comunicación. Factores como la edad, la procedencia cultural y el gremio profesional actúan como filtros a través de los cuales se interpreta el mensaje.
Un error común es utilizar referencias culturales (películas, eventos históricos, figuras públicas) que son ajenas a la generación o nacionalidad de los oyentes, lo que genera alienación.
Por ejemplo, utilizar jerga técnica de ingeniería en una presentación para el departamento de recursos humanos creará una barrera de incomprensión.
El orador debe actuar como un traductor, adaptando el vocabulario técnico a un lenguaje universal o específico del sector receptor.
Del mismo modo, el estilo de comunicación debe calibrarse según la edad: un tono excesivamente formal puede desconectar a una audiencia joven, mientras que un estilo demasiado coloquial puede restar credibilidad ante un grupo senior.
La adaptabilidad lingüística y cultural no implica perder la propia identidad, sino mostrar respeto y empatía hacia la realidad del receptor, facilitando así la digestión del mensaje.
Resumen
La improvisación total es arriesgada; requiere inteligencia táctica previa. El éxito depende de responder quiénes son, qué saben y qué esperan los oyentes hoy siempre.
Factores demográficos como edad y cultura actúan como filtros interpretativos. Usar referencias ajenas o jerga técnica excesiva genera alienación e incomprensión inmediata en la audiencia.
Adaptar el vocabulario demuestra respeto y empatía hacia el receptor. La flexibilidad lingüística facilita la digestión del mensaje sin perder la propia identidad del orador.
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