Imagen Personal
Vestirse acorde a la audiencia y contexto
La indumentaria del orador no es una cuestión superficial, sino una herramienta de comunicación no verbal que establece jerarquía, pertenencia y respeto.
La vestimenta debe seleccionarse estratégicamente en función del perfil de la audiencia y la naturaleza del evento.
Si el contexto es una junta directiva corporativa, el uso de traje y corbata puede ser necesario para proyectar la autoridad esperada y facilitar la aceptación del mensaje.
Por el contrario, si el entorno es creativo, académico o juvenil, una vestimenta excesivamente formal puede crear una barrera de distanciamiento.
En estos casos, un estilo más relajado (como vaqueros y camisa) puede ser más efectivo para generar cercanía y parecer accesible.
La regla general es vestirse de acuerdo a lo que el público espera ver en un experto de esa materia específica: un mecánico debe parecer un mecánico y un banquero debe parecer un banquero para que el cerebro del espectador valide la coherencia entre la imagen y el contenido.
Coherencia entre marca personal y apariencia
La imagen externa debe estar alineada con la marca personal y el mensaje que se predica.
Si un orador promueve la innovación y la ruptura de normas, su vestimenta puede reflejar esa libertad; si promueve la disciplina y el orden, su apariencia debe ser impecable.
Es fundamental sentirse cómodo con la ropa elegida; si el orador se siente disfrazado o físicamente restringido por una prenda que no le ajusta bien, esa incomodidad se transmitirá a su lenguaje corporal, afectando su confianza. Además, se debe tener cuidado con la "huella digital".
En la era de las redes sociales, la imagen de un profesional se extiende más allá del escenario.
Mantener una coherencia visual entre cómo se presenta uno en vivo y cómo aparece en sus perfiles profesionales evita disonancias cognitivas en la audiencia.
No se trata de uniformarse, sino de curar la imagen para que no existan elementos contradictor
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