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Gestión del perfeccionismo y el error

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Gestión del perfeccionismo y el error


La trampa de la perfección frente a la audiencia

Uno de los mayores enemigos de la oratoria natural y convincente es la aspiración a la perfección absoluta.

Muchos oradores noveles creen erróneamente que una presentación exitosa es aquella que carece de fallos, donde cada palabra está milimétricamente calculada y ejecutada.

Esta mentalidad genera una presión insostenible que, paradójicamente, incrementa la probabilidad de cometer errores debido a la tensión acumulada. El perfeccionismo erige una barrera entre el emisor y el receptor.

Una presentación inmaculada pero fría puede generar admiración técnica, pero rara vez conecta emocionalmente.

La audiencia no busca un robot infalible; busca un ser humano con el que empatizar.

Aceptar la posibilidad del error como una parte natural del proceso comunicativo libera al orador de una carga inmensa. El objetivo debe desplazarse de "ser perfecto" a "ser efectivo y auténtico".

Cuando el foco está en aportar valor a la audiencia en lugar de proteger el ego propio de cualquier fallo, la fluidez mejora drásticamente.

Cómo recuperarse de un error sin perder autoridad

El problema no es el error en sí (un dato incorrecto, una diapositiva que no pasa, un lapsus de memoria), sino la reacción del orador ante el mismo.

Si ante un fallo, el orador se deshace en disculpas, se encoge físicamente y verbaliza su frustración diciendo "lo siento, soy un desastre, esto no debía pasar", está magnificando el incidente y obligando al público a sentirse incómodo por él.

La estrategia correcta es la naturalidad y la rapidez en la recuperación. Si ocurre un error, se debe reconocer brevemente y corregir sin drama.

Por ejemplo, si se olvida una sección, en lugar de paralizarse, se puede decir con calma: "Regresaré a este punto más adelante" y continuar.

Si hay un fallo técnico, se mantiene la compostura y se sigue con el discurso verbalmente. El público olvidará el error en segundos si el orador no le da importancia.

La autoridad se mantiene, e incluso se refuerza, cuando se demuestra la capacidad de gestionar imprevistos con serenidad. La resiliencia en escena es mucho más poderosa que la perfección.

Resumen

El perfeccionismo absoluto genera una presión insostenible que aleja al orador de su audiencia. La perfección técnica suele carecer de la calidez necesaria para conectar .

Aceptar el error como algo natural libera al comunicador de cargas emocionales. El foco debe desplazarse desde el ego propio hacia la efectividad del mensaje .

Reaccionar con naturalidad ante fallos imprevistos refuerza la autoridad escénica. Gestionar lapsus sin drama demuestra resiliencia y mantiene el respeto del público de forma constante .


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