El volumen y la intensidad
Diferencia entre gritar y proyectar la voz
En el ámbito de la oratoria, es un error frecuente confundir la intensidad sonora con el acto de gritar.
La intensidad, o volumen, se refiere a la potencia con la que se emite la onda sonora y es el vehículo principal para que el mensaje llegue físicamente al receptor.
Sin embargo, elevar el volumen mediante la tensión de la garganta resulta en un sonido estridente y agresivo, a menudo interpretado como una falta de control emocional o mala educación. La técnica correcta es la proyección vocal.
Proyectar no implica fuerza muscular en el cuello, sino un incremento en el flujo de aire impulsado desde el diafragma. Es el aire el que debe viajar, no la garganta la que debe apretarse.
Cuando se proyecta adecuadamente, la voz "llena" la sala de manera envolvente y autoritaria, sin dañar las cuerdas vocales ni agredir el oído de la audiencia.
Una voz proyectada nace de la relajación y la respiración profunda; un grito nace de la constricción y la respiración superficial.
El orador debe visualizar su voz como un haz de luz que debe alcanzar el fondo del recinto sin perder nitidez, utilizando el aire como combustible.
Ajuste del volumen según el tamaño de la sala y prueba de "hinchazón"
El volumen no es un valor absoluto, sino relativo al entorno y al contexto. El orador debe calibrar su "potenciómetro" interno: un volumen excesivo en una sala pequeña genera rechazo y saturación, mientras que un volumen débil en un auditorio grande denota timidez, falta de experiencia o una educación represiva que ha acostumbrado al individuo a pasar desapercibido.
Para verificar si se está utilizando el volumen de forma saludable o si se está forzando la maquinaria, existe una prueba física de auto-observación.
Al hablar frente a un espejo con la intensidad habitual de una presentación, se debe observar el cuello y el rostro.
Si al elevar la voz aparecen venas marcadas en el cuello, enrojecimiento facial o sensación de hinchazón, es indicativo de que el esfuerzo se está realizando con los músculos equivocados y no con el soporte aéreo.
Asimismo, la capacidad de sostener una nota o hablar seguido con una sola toma de aire es un indicador de eficiencia; si el aire se agota en menos de 5 o 10 segundos, el volumen está siendo mal gestionado a costa de la salud vocal.
Resumen
La intensidad vocal no debe confundirse con gritar. Proyectar el aire desde el diafragma permite alcanzar toda la sala sin agredir auditivamente a los oyentes, manteniendo siempre un control emocional.
El volumen debe ajustarse al tamaño del recinto y al contexto. Un volumen excesivo satura, mientras que uno débil denota timidez o falta de experiencia frente al público asistente hoy.
Para verificar una gestión saludable, el orador debe evitar tensiones visibles. Si aparecen venas marcadas o hinchazón facial, el esfuerzo es muscular y no proviene del soporte aéreo del diafragma.
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