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El síndrome del impostor y la comparación

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El síndrome del impostor y la comparación


Manejo del miedo a "no saberlo todo"

El síndrome del impostor en la oratoria se manifiesta a través de la creencia angustiante de que uno no está lo suficientemente cualificado para hablar sobre un tema, o el temor a ser "descubierto" como un fraude ante una pregunta difícil.

Este miedo suele paralizar a profesionales incluso con vasta experiencia, llevándoles a pensar que necesitan leer "un libro más" o tener "un título más" antes de sentirse legítimos para exponer.

Para gestionar esto, es fundamental cambiar la perspectiva sobre el rol del orador. No es necesario ser la enciclopedia mundial sobre un tema para hablar de él.

El valor del orador reside en su perspectiva única, su experiencia específica y su capacidad para sintetizar información para esa audiencia en particular. Ante el miedo a las preguntas difíciles, la honestidad es la mejor herramienta.

Admitir con seguridad "No tengo ese dato específico en este momento, pero lo investigaré y te daré una respuesta" es una muestra de profesionalidad, no de incompetencia. La legitimidad nace de la preparación y la honestidad, no de la omnisciencia.

El peligro de compararse con oradores experimentados

La comparación es una trampa habitual. Al iniciar el camino de la oratoria, es común medir el propio desempeño contra el de comunicadores de élite, presentadores de televisión veteranos o conferenciantes famosos que llevan décadas en el oficio.

Esta comparación es injusta y destructiva, ya que contrasta el "capítulo 1" propio con el "capítulo 20" de otro.

Intentar imitar el estilo de otro orador suele resultar en una actuación forzada y poco auténtica.

Cada persona tiene un estilo comunicativo natural: algunos son dinámicos y enérgicos, otros son pausados y reflexivos. Ambos estilos pueden ser igual de efectivos.

La meta no es convertirse en una copia de un referente externo, sino desarrollar la mejor versión de uno mismo.

Al enfocarse en el progreso personal —comparando la presentación actual con la anterior, y no con la de un tercero— se construye una confianza sólida basada en el crecimiento real y medible, fomentando una voz propia y genuina.

Resumen

El síndrome del impostor surge al dudar de la propia cualificación profesional. Este miedo paralizante ignora que el valor reside en la perspectiva única personal .

La honestidad es la mejor herramienta ante preguntas difíciles o desconocidas. Admitir falta de información específica proyecta profesionalismo y legitimidad real ante cualquier tipo de audiencia .

Compararse con oradores experimentados es injusto y destructivo para el aprendizaje. La meta es desarrollar un estilo propio y genuino basándose en el progreso individual .


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