Cierre con Llamado a la Acción (CTA)
Desafiar a la audiencia a hacer algo concreto
La oratoria persuasiva no busca solo informar o entretener, sino transformar la realidad.
El cierre con Llamado a la Acción (CTA, por sus siglas en inglés) es la herramienta para convertir la energía pasiva de la escucha en energía cinética de ejecución.
Si el objetivo del orador es que suceda algo después de que él baje del escenario, debe explicitarlo con claridad imperativa. Este tipo de cierre desafía a los asistentes a abandonar la zona de confort.
No se trata de sugerir vagamente que "sería bueno cambiar", sino de instruir sobre el siguiente paso inmediato.
Por ejemplo, en un contexto de concienciación cívica, el orador no termina diciendo "es importante participar", sino "mañana, cuando se abran las urnas, su deber es ir y depositar su voto".
En el ámbito comercial, es el momento de pedir la compra, la suscripción o la firma del contrato.
Sin este empujón final, la motivación generada durante la charla se disipa sin traducirse en resultados tangibles.
El uso de verbos de acción y compromiso
Para que el desafío funcione, el lenguaje debe ser directo y movilizador.
Se deben utilizar verbos en modo imperativo o exhortativo que no dejen lugar a la duda.
Frases como "atrévanse a...", "comiencen hoy a...", "no permitan que..." son detonadores psicológicos.
Este enfoque es común en la oratoria política y motivacional, donde el éxito se mide por la movilización de masas. El CTA también puede presentarse como un reto intelectual o moral.
Si el discurso ha versado sobre ética o valores, el cierre puede desafiar al público a reflexionar sobre sus propias conductas. "¿Están dispuestos a mirarse al espejo y decir que hicieron lo correcto?".
Al plantear el final como una pregunta de compromiso o un reto directo, se transfiere la responsabilidad del orador a la audiencia.
El mensaje final es: "Yo ya he dicho lo que tenía que decir; ahora les toca a ustedes
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