Caminar el escenario
Pasos largos y firmes vs. pasos cortos e inseguros
El desplazamiento del orador sobre la tarima es una declaración de intenciones. La forma de caminar debe ser congruente con el mensaje de seguridad que se desea transmitir.
Un caminar titubeante, con pasos cortos o arrastrados, y la mirada clavada en el suelo, comunica miedo y deseo de pasar desapercibido.
Por el contrario, dar zancadas amplias y firmes demuestra que el orador tiene un propósito y una dirección clara.
Es fundamental evitar los zapatos incómodos o tacones inestables que limiten la movilidad y fuercen pasos inseguros, ya que esto socava la autoridad visual.
La cabeza debe mantenerse erguida durante el desplazamiento, manteniendo la conexión visual con el entorno en lugar de verificar dónde se pisa.
Un paso firme y decidido actúa como un anclaje de credibilidad; el público percibe inconscientemente que quien pisa fuerte sobre el escenario también tiene argumentos sólidos.
Ocupación del espacio ("Adueñarse del lugar")
Quedarse estático en un solo punto, especialmente detrás de un atril o podio, limita el impacto comunicativo y puede generar una barrera psicológica con la audiencia.
El orador competente debe "territorializar" el escenario, moviéndose para cubrir diferentes ángulos y acercarse a distintos sectores del público.
El movimiento no debe ser aleatorio; debe tener una intención narrativa.
Se puede caminar hacia un extremo del escenario para dirigirse a un segmento específico de la audiencia, detenerse para establecer un punto importante, y luego trasladarse a otro sector.
Esta ocupación dinámica del espacio mantiene al público alerta, ya que sus ojos deben seguir al orador, y demuestra que el comunicador se siente "dueño" del entorno.
Al moverse con libertad, se rompe la monotonía visual y se proyecta una energía de anfitrión seguro y empático que invita a la audiencia a entrar en su espacio.
Resumen
El desplazamiento sobre la tarima debe ser una declaración de intenciones. Pasos largos demuestran propósito, mientras que movimientos titubeantes comunican miedo y falta seguridad total.
Mantener la cabeza erguida durante el caminar asegura conexión visual constante. Un paso decidido funciona como anclaje de credibilidad, percibiendo el público argumentos sólidos escénicos.
Territorializar el escenario implica moverse con intención narrativa hacia diferentes sectores. Ocupar dinámicamente el espacio mantiene a la audiencia alerta y proyecta una energía vital.
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