El modelo Cognitivo-Conductual aplicado
La tríada Pensamiento-Emoción-Conducta
Para comprender por qué reaccionamos con ansiedad o miedo ante situaciones laborales, es fundamental analizar el mecanismo interno que rige nuestra experiencia.
Basándonos en los principios de la terapia cognitivo-conductual, introducidos por Aaron Beck, debemos entender que no son los eventos externos los que nos perturban, sino nuestra interpretación de ellos.
El proceso sigue una secuencia lógica: una circunstancia externa activa tu percepción, la cual genera una idea o pensamiento automático.
Este pensamiento es el detonante directo de una emoción, y esa emoción impulsa finalmente un comportamiento.
Por ejemplo, ante la mirada de un supervisor (circunstancia), si tu pensamiento es "me está juzgando", la emoción resultante será miedo o ansiedad, lo que llevará a una conducta de ocultamiento o error.
Es crucial reconocer que, si sufres del síndrome del impostor, tus comportamientos defensivos son una manifestación directa de la falta de análisis sobre lo que ocurre en tu mundo interno.
Estás operando en piloto automático, permitiendo que emociones mal gestionadas dicten tus acciones profesionales.
La ilusión del control mental
Frecuentemente caemos en el error de creer que tenemos un control absoluto y consciente sobre todo lo que pensamos. Si se te pregunta si controlas tu mente, probablemente respondas que sí.
Sin embargo, si aceptamos que los pensamientos generan emociones, admitir que controlas totalmente tus pensamientos implicaría aceptar que eliges deliberadamente sentirte estresado, culpable, avergonzado o indigno.
Nadie elegiría conscientemente sentirse miserable; por tanto, el problema radica en que nos hemos condicionado para percibir ciertas situaciones bajo una lente negativa de forma automática.
Aunque tenemos poder sobre nuestra mente a largo plazo, en el momento inmediato del detonante, a menudo somos víctimas de asociaciones pasadas.
Reconocer que a veces "nos hacemos sentir mal" sin quererlo es el primer paso para dejar de usar nuestra inteligencia en nuestra contra y empezar a reeducar nuestras reacciones.
La importancia del etiquetado emocional
La regulación emocional comienza con la identificación precisa. No podemos gestionar una sensación difusa de malestar; necesitamos nombrarla.
El objetivo es transitar de un estado de agitación y autocrítica a uno de calma y claridad.
Para ello, ante una situación estresante, debes hacer una pausa y preguntarte: "¿Cómo está mi corazón en este momento?".
Es vital distinguir si lo que sientes es vergüenza, miedo a la exposición, ansiedad por el futuro o culpa.
Al ponerle nombre a la emoción ("esto que siento es ansiedad social porque temo no saber la respuesta"), le quitas poder al fantasma del "impostor" y conviertes un sentimiento abrumador en un dato concreto que puedes gestionar lógicamente.
Resumen
Basado en la terapia de Aaron Beck, este modelo establece que no son los eventos externos los que nos perturban, sino nuestra interpretación subjetiva, generando una cadena de pensamiento, emoción y conducta.
A menudo creemos controlar totalmente nuestra mente, pero el síndrome del impostor opera en piloto automático; las reacciones defensivas surgen de condicionamientos pasados que activan emociones negativas sin nuestra elección consciente inmediata.
La clave para retomar el control es el etiquetado emocional preciso; al nombrar específicamente lo que sentimos, como "ansiedad" o "miedo", transformamos un malestar difuso en un dato concreto manejable.
el modelo cognitivo conductual aplicado