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El Cuestionamiento Socrático

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El Cuestionamiento Socrático


Desafío de evidencias y asunciones

El primer paso para desmantelar la arquitectura del síndrome del impostor es someter nuestros pensamientos automáticos a un interrogatorio riguroso.

A menudo, ideas como "no soy capaz" o "voy a fracasar" se instalan en nuestra mente sin haber pasado por un filtro de veracidad.

El cuestionamiento socrático nos invita a actuar como abogados defensores y fiscales de nuestra propia psique.

Ante una creencia limitante, debemos preguntar: "¿Existe alguna prueba tangible, física y real que respalde esta idea?".

Y más importante aún: "¿Existe evidencia en contra?". Frecuentemente descubrimos que nuestras "certezas" no son más que suposiciones basadas en miedos, no en datos.

Por ejemplo, al pensar "me falta confianza", al indagar profundamente, podemos darnos cuenta de que no es una carencia estructural de personalidad, sino una serie de miedos específicos (al rechazo, al error) que no tienen base empírica en nuestro historial de logros.

Diferenciación Hechos vs. Emociones

Una trampa cognitiva común es el "razonamiento emocional": creer que porque sentimos algo intensamente, ese algo debe ser verdad. Si siento que soy un fraude, asumo que soy un fraude.

Esta herramienta nos obliga a separar la realidad objetiva de la lente emocional con la que la miramos.

Debemos preguntarnos: "¿Esta conclusión se basa en hechos observables o en mi estado emocional actual?".

Al analizarlo fríamente, solemos encontrar que la realidad (haber entregado proyectos a tiempo, recibir evaluaciones positivas) contradice nuestra percepción interna (sentirnos presionados o insuficientes).

El problema no reside en la realidad de nuestra competencia, sino en que hemos condicionado nuestra percepción para interpretar circunstancias neutras o positivas a través de un filtro de ansiedad y vergüenza preexistente.

Perspectiva temporal y relevancia

La ansiedad tiende a magnificar el momento presente, haciendo que un error menor parezca una catástrofe vitalicia. Para combatir esta miopía emocional, es útil aplicar la lente del tiempo.

Ante una preocupación actual, pregúntate: "¿Importará esto dentro de un año? ¿Y dentro de cinco años?".

Generalmente, la respuesta revela que lo que hoy nos quita el sueño será irrelevante o una simple anécdota de aprendizaje en el futuro.

Si la respuesta es que sí importará si no cambiamos, esto puede servir como un motor positivo: en lugar de paralizarnos, nos impulsa a actuar hoy para que, al mirar atrás en el futuro, nos sintamos orgullosos de haber superado el obstáculo en lugar de arrepentirnos por la inacción.

Resumen

Para desmantelar el síndrome del impostor, debemos actuar como abogados defensores y fiscales de nuestra propia mente, sometiendo los pensamientos automáticos negativos a un interrogatorio riguroso en busca de pruebas reales.

Es crucial diferenciar entre hechos y emociones, evitando el "razonamiento emocional" que nos hace creer que sentirnos un fraude nos convierte en uno, cuando la realidad objetiva suele contradecir esa percepción.

Aplicar una perspectiva temporal ayuda a reducir la ansiedad; al preguntarnos si el problema actual importará en cinco años, descubrimos que la mayoría de las preocupaciones presentes serán irrelevantes en el futuro.


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