El Ciclo del Impostor: De la ansiedad al alivio temporal
El detonante y la respuesta ansiosa inicial
El ciclo del impostor es un patrón repetitivo que comienza siempre con un desencadenante específico: la asignación de una nueva tarea, un proyecto o una responsabilidad.
En lugar de responder con una evaluación objetiva de las capacidades para realizar dicha tarea, la persona experimenta una respuesta inmediata de ansiedad y duda.
Esta ansiedad no proviene de la tarea en sí, sino de la baja autoestima subyacente y del miedo a que este encargo sea el momento definitivo en el que se revele su supuesta incompetencia.
La persona siente que todos la están observando, esperando que falle, lo que añade una capa de ansiedad social y presión por mantener una fachada de perfección.
Mecanismos de afrontamiento: Sobreesfuerzo o Procrastinación
Ante este miedo paralizante, el individuo suele optar por uno de dos caminos conductuales extremos para gestionar la ansiedad.
El primero es la sobre-preparación o "workaholismo": la persona trabaja mucho más allá de lo necesario, revisando obsesivamente cada detalle para evitar cualquier crítica posible, impulsada por la necesidad de ser "superhumana".
El segundo camino es la procrastinación: paralizada por el miedo a no ser perfecta, la persona pospone el trabajo hasta el último minuto, para luego realizarlo en un frenesí de angustia.
En ambos casos, el trabajo se realiza no por pasión o interés genuino, sino como un mecanismo de defensa para evitar el juicio y ocultar la supuesta falta de talento.
El alivio momentáneo y la imposibilidad de internalizar el éxito
Eventualmente, la tarea se completa y, generalmente, se recibe con éxito o aprobación por parte del entorno. En este punto, el ciclo alcanza su fase crítica.
En lugar de sentir orgullo o satisfacción duradera, la persona experimenta solo un alivio temporal: "Uf, me libré esta vez". Sin embargo, el éxito no se integra en la autoimagen.
Si la persona se sobre-preparó, atribuirá el éxito al esfuerzo excesivo, pensando "solo lo logré porque trabajé el triple que los demás, no por mi capacidad".
Si procrastinó y tuvo éxito, lo atribuirá a la pura suerte, pensando "tuve suerte de que no se dieran cuenta".
Como resultado, la confianza no aumenta; al contrario, el éxito refuerza la creencia de ser un fraude y aumenta la presión para la próxima vez, reiniciando el ciclo con mayor intensidad.
Resumen
Este patrón repetitivo comienza con la asignación de una tarea, lo cual detona una respuesta inmediata de ansiedad y duda sobre la capacidad para realizarla con éxito.
Para gestionar el miedo, la persona reacciona con sobre-preparación obsesiva o procrastinación, trabajando no por pasión, sino como un mecanismo de defensa para evitar el juicio ajeno.
Al completar la tarea, el éxito solo brinda alivio temporal y no confianza, pues se atribuye al esfuerzo desmedido o la suerte, reiniciando el ciclo con mayor intensidad.
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