Creencias irracionales internalizadas
Las tres expectativas dañinas
Gran parte de nuestro malestar emocional proviene de reglas internas rígidas que, aunque no las verbalicemos, dirigen nuestra conducta.
Basándose en la terapia racional emotiva, podemos identificar tres mandatos principales que alimentan al impostor: "Debo hacerlo todo perfecto o no valgo nada", "Debo caer bien y tener la aprobación de todos" y "La vida debe ser fácil y justa". Estas creencias irracionales actúan como un tribunal interno implacable.
La necesidad imperiosa de tener éxito absoluto y la dependencia de la validación externa son los pilares que sostienen la baja autoestima del impostor.
Al vivir bajo la tiranía de estos "deberías", cualquier desviación de la perfección no se interpreta como un error humano, sino como una prueba de falta de valor intrínseco.
Mentalidad fija vs. mentalidad de crecimiento
La autopercepción del impostor suele estar anclada en una mentalidad fija: la creencia de que las habilidades son estáticas y limitadas.
A diferencia de una persona con autoestima saludable, que ve la imperfección como un punto de partida para mejorar, quien sufre este síndrome cree que si no es capaz de hacer algo ahora, nunca lo será.Niegan su propia capacidad de aprendizaje y evolución.
Esta visión distorsionada les lleva a pensar que deben llegar a un nuevo puesto sabiéndolo todo de antemano.
Si sienten una carencia, no piensan "puedo aprender esto", sino "soy un fraude y no tengo arreglo", lo que les hace perder oportunidades valiosas por miedo a exponer su supuesta incapacidad de crecimiento.
Relación con la autoestima y la humildad
Es crucial distinguir entre humildad genuina y la autohumillación que practica el impostor.
La humildad implica reconocer que no se sabe todo y estar dispuesto a mostrar vulnerabilidad para aprender; el impostor, en cambio, esconde sus limitaciones por vergüenza, bloqueando así el aprendizaje real. Creen erróneamente que "no son suficientes" tal como son.
Mientras que una autoestima sana acepta la imperfección humana, el síndrome del impostor la castiga.
Al tratar de manipular la percepción de los demás para ocultar sus "defectos", terminan en un estado de deshonestidad consigo mismos que impide la verdadera conexión y el desarrollo profesional, atrapados en la necesidad de validación constante para llenar un vacío interno.
Resumen
Reglas internas rígidas, como la necesidad de perfección absoluta y la búsqueda de aprobación constante, actúan como un tribunal implacable que sostiene la baja autoestima y el sentimiento de fraude.
Una mentalidad fija impide ver la imperfección como oportunidad de mejora; quien la padece cree que las habilidades son estáticas y que cualquier carencia actual es una condena definitiva de incapacidad.
El impostor confunde humildad con autohumillación, ocultando sus limitaciones por vergüenza en lugar de aceptarlas para aprender, lo que bloquea el desarrollo real y fomenta la deshonestidad consigo mismo.
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