Círculo de Control y Preocupación
Modelo de influencia y control
Para gestionar la energía mental de manera eficiente, es vital categorizar nuestros problemas según el modelo de control.
Podemos dividir nuestra realidad en tres áreas: lo que controlamos directamente (nuestros pensamientos y acciones), lo que podemos influenciar (nuestra reputación, relaciones) y lo que escapa totalmente a nuestro control (el tráfico, la economía, las opiniones ajenas).
El sufrimiento del impostor nace a menudo de intentar operar en la tercera categoría: intentamos controlar lo incontrolable.
Al igual que sería absurdo enfadarse con el clima, es inútil angustiarse por variables externas.
Entender esta distinción nos permite reasignar recursos mentales: dejamos de luchar contra la realidad externa y empezamos a gestionar nuestra respuesta interna.
Liberación de la validación externa
Una aplicación crítica de este modelo es la gestión de la opinión de los demás. Quienes dudan de sí mismos suelen caer en la trampa de querer controlar cómo son percibidos para evitar la crítica.
Sin embargo, intentar manipular la percepción ajena para que sea siempre favorable es una batalla perdida de antemano; convierte un resultado sobre el que solo tenemos influencia parcial en una expectativa rígida. Esta necesidad de control externo actúa como un castigo autoimpuesto.
Al vincular nuestro bienestar a la validación de terceros, entregamos nuestro poder.
La liberación llega al aceptar que no podemos controlar si gustamos a todos o si alguien nos juzga erróneamente.
Al soltar esa necesidad de control, paradójicamente, nuestra autenticidad y desempeño suelen mejorar, aumentando nuestra influencia real.
Foco en la acción propia
La conclusión operativa de este modelo es el retorno al "círculo de control". Solo tenemos soberanía real sobre nuestras decisiones, palabras y actitudes.
En lugar de preocuparnos por si seremos descubiertos (fuera de control), podemos ocuparnos de prepararnos bien, ser honestos sobre lo que sabemos y lo que no, y actuar con integridad (bajo control).
Podemos elegir no ser personas que dicen "sí" a todo por miedo, podemos elegir establecer límites y podemos elegir enfrentar nuevos retos paso a paso.
Al centrar la atención en la propia conducta y voluntad, reducimos la ansiedad flotante y recuperamos la agencia sobre nuestra carrera y bienestar emocional, dejando de ser víctimas de las circunstancias para ser protagonistas de nuestras respuestas.
Resumen
Para gestionar eficazmente nuestra energía mental, debemos distinguir entre lo que controlamos directamente, lo que podemos influenciar y lo que escapa totalmente a nuestro control, enfocándonos únicamente en lo primero.
Intentar manipular la percepción ajena para obtener validación es una batalla perdida que entrega nuestro poder personal; la liberación llega al aceptar que no podemos controlar si gustamos a todos.
El retorno al "círculo de control" implica ocuparnos de nuestra propia preparación, integridad y conducta, reduciendo así la ansiedad flotante al dejar de luchar inútilmente contra circunstancias externas ingobernables.
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