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Manejando la Rebeldía y las [Malas Influencias]

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Manejando la Rebeldía y las [Malas Influencias]


La adolescencia trae consigo una inevitable dosis de rebeldía y la formación de vínculos que no siempre son del agrado de los padres.

Manejar estas situaciones con imposiciones y control absoluto es una estrategia destinada al fracaso.

En lugar de levantar muros, es fundamental adoptar un enfoque que mantenga las líneas de comunicación abiertas.

Entender la psicología detrás de la rebeldía adolescente nos permite guiar a nuestros hijos de manera más efectiva, ayudándoles a tomar sus propias decisiones informadas en lugar de empujarlos a la clandestinidad.

Por qué un mayor control genera una mayor rebeldía

Existe una regla de oro comprobada en la crianza de adolescentes: a mayor control, mayor rebeldía.

Cuando los padres intentan controlar cada aspecto de la vida de un joven, su reacción natural e instintiva es rebelarse con más fuerza.

Este comportamiento no es un capricho, sino una parte fundamental de su proceso de individuación.

Para que los adolescentes puedan aprender a tomar sus propias decisiones y desarrollar su identidad, es indispensable dejarles un cierto grado de libertad y autonomía.

Intentar atarlos en corto solo intensificará su necesidad de romper las cadenas.

Un control excesivo no fomenta la responsabilidad; fomenta el engaño y la confrontación, creando un ciclo de desconfianza que daña la relación a largo plazo.

Qué hacer cuando no aprobamos a un amigo o pareja del adolescente

Cuando un amigo o una pareja de tu hijo no te inspira confianza por razones válidas (como comportamientos de riesgo o malas influencias), la peor estrategia que puedes adoptar es la prohibición directa.

Prohibirle ver a esa persona solo activará su instinto de rebeldía, lo que provocará que se aferre más a esa relación y la mantenga a tus espaldas.

El enfoque correcto es mucho más sutil y efectivo:

Expresa tus razones una sola vez: Siéntate con tu hijo y explícale con calma y honestidad por qué esa relación te preocupa. Una vez que lo hayas hecho, no insistas más en el tema.

Abre las puertas de tu casa: En lugar de prohibir, haz lo contrario: invita a esa persona a tu hogar. Anímale a que pase tiempo allí, a que coman juntos o hagan la tarea en casa.

Observa y fomenta la confianza: Esta estrategia te permite, por un lado, supervisar la relación de manera discreta y, por otro, crea un ambiente de confianza.

Al sentirse aceptado, es más probable que tu propio hijo, por convicción personal, empiece a darse


manejando la rebeldia y las malas influencias

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