La Tarea de Vida: Desarrollar la Autonomía
La etapa preescolar, que abarca aproximadamente de los dos a los cinco años, es un período crucial en el desarrollo de un niño, marcado por una tarea de vida fundamental: la conquista de la autonomía.
Es en esta fase cuando el niño comienza a percibirse como un individuo separado de su madre y empieza a explorar su capacidad para influir en el mundo que le rodea.
Este proceso, aunque a menudo desafiante para los padres, es una parte natural y necesaria del desarrollo de una personalidad saludable.
Comprender los mecanismos que el niño utiliza para lograr esta independencia es clave para acompañarlo de manera respetuosa y efectiva.
Del vínculo simbiótico a la individuación
Al nacer, un bebé vive en un estado de simbiosis con su madre.
No tiene conciencia de ser un individuo separado; se siente como una extensión de ella, una continuación de la unidad que experimentó en el útero.
Esta sensación de ser "uno" con la madre es la base de su seguridad inicial. Sin embargo, a medida que pasan los meses, comienza un proceso gradual de individuación.
El niño empieza a ubicarse como un ser aparte, y es aquí donde la tarea de desarrollar la autonomía cobra protagonismo.
Este es un paso gigantesco en su desarrollo psicológico, que le permitirá construir su propia identidad y aprender a desenvolverse en el mundo por sí mismo.
Apoyar este proceso, en lugar de obstaculizarlo, es esencial para que pueda avanzar hacia las siguientes etapas de su vida con una base segura y una personalidad funcional.
El rol del "objeto transicional" (manta, peluche, dedo) en este proceso
Para navegar la compleja transición de la simbiosis a la autonomía, el niño a menudo elige un "objeto transicional".
Este puede ser un trapito, un peluche, una manta o incluso su propio dedo.
Este objeto se convierte en un compañero indispensable que le proporciona consuelo y seguridad, especialmente a la hora de dormir o en momentos de ansiedad.
Es un grave error considerar este apego como una "maña" y tratar de quitárselo al niño a la fuerza.
El objeto transicional no es un mal hábito; es una herramienta psicológica necesaria que le sirve al niño como puente para independizarse de la madre.
Si se le permite vivir esta etapa plenamente, el niño abandonará el objeto por sí solo cuando esté listo, sin mayor problema.
Forzarle a dejarlo antes de tiempo no solo puede ser traumático, sino que a menudo genera un apego aún más fuerte y patológico, ya que el niño se aferra a su única fuente de seguridad ante la prohibición.
Resumen
La etapa preescolar, de los dos a los cinco años, es crucial para la conquista de la autonomía. El niño comienza a percibirse como un individuo separado.
Al nacer, el bebé vive en un estado de simbiosis con su madre. Luego, comienza un proceso gradual de individuación para construir su propia identidad.
El "objeto transicional" (manta, peluche) le proporciona consuelo y seguridad. Es una herramienta psicológica necesaria; forzarle a dejarlo puede ser traumático.
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