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El Berrinche como Vehículo para la Autonomía

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El Berrinche como Vehículo para la Autonomía


Lejos de ser una señal de mala crianza o de un niño "mal portado", el berrinche es en realidad un mecanismo psicológico fundamental en la etapa preescolar.

Es la herramienta que la propia psique del niño instaura para poder llevar a cabo su tarea de vida más importante en ese momento: la conquista de la autonomía.

El problema, por lo tanto, no es el berrinche en sí mismo, sino cómo los padres responden a él, ya que esa respuesta determinará si la experiencia se convierte en una lección de manipulación o en un pilar para el desarrollo de un carácter saludable.

Por qué el berrinche es una etapa normal y necesaria

Es crucial que los padres dejen de culparse cuando sus hijos tienen berrinches. Esta etapa no solo es normal, sino absolutamente necesaria para el desarrollo infantil.

El berrinche es el vehículo que la psique del niño utiliza para empezar a experimentar su propia voluntad y su deseo de ser un individuo autónomo.

Siempre surge de la misma dinámica: el niño quiere algo, lo quiere en un momento específico y de una manera determinada, y al no poder conseguirlo, su frustración explota en forma de pataletas, gritos y llanto.

En lugar de verlo como un acto de rebeldía, debemos entenderlo como el primer intento del niño por afirmar su yo y explorar los límites del mundo que le rodea.

Los riesgos de un mal manejo: patrones de manipulación o conflicto con la autoridad

La forma en que los padres gestionan los berrinches tiene consecuencias a largo plazo, pudiendo establecer patrones de comportamiento que durarán toda la vida.

Existen dos extremos perjudiciales:

La total indulgencia: Si el niño aprende que con un berrinche consigue todo lo que quiere (el postre, el juguete, la atención), la conducta se refuerza.

Se establece un patrón de vida en el que la manipulación emocional es la herramienta para lograr sus objetivos.

Esto puede dar lugar a adultos que, aunque no se tiren al suelo, siguen haciendo "berrinches" cuando la vida no se ajusta a sus deseos, mostrando poca tolerancia a la frustración.

La represión constante: En el otro extremo, si cada intento de autonomía del niño es frustrado con un "no" rotundo y se le reprime y controla en exceso, se genera un profundo conflicto con la autoridad.

Este niño puede convertirse en un adulto que odia a todas las figuras de autoridad (maestros, jefes, policías) simplemente porque representan ese control que sintió en su infancia.

El objetivo, por lo tanto, no es ni ceder siempre ni reprimirlo todo, sino encontrar un manejo saludable que guíe al niño en su camino hacia la autonomía sin crear patrones dañinos.

Resumen

El berrinche no es mala crianza, sino un mecanismo psicológico fundamental. Es la herramienta que la propia psique del niño instaura para conquistar la autonomía.

Esta etapa no solo es normal, sino absolutamente necesaria para el desarrollo infantil. Surge de la frustración de no poder conseguir lo que quiere.

Un mal manejo es perjudicial. La total indulgencia crea patrones de manipulación. La represión constante genera un profundo conflicto con la autoridad.


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