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Suposiciones erróneas que nos impiden ser asertivos

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Suposiciones erróneas que nos impiden ser asertivos


La Creencia Errónea de que Priorizarse es Egoísmo

Una de las suposiciones más extendidas y que más frena nuestra asertividad es la creencia de que anteponer nuestras propias necesidades a las de los demás es un acto de egoísmo.

Esta idea, a menudo inculcada culturalmente, nos lleva a relegar nuestros deseos y bienestar por miedo a ser juzgados. Sin embargo, esto es un error.

La asertividad nos enseña que tenemos el legítimo derecho a ser los primeros en algunas ocasiones y a priorizar nuestras necesidades sin que ello nos convierta en personas egoístas.

Ejercer este derecho no implica ignorar a los demás, sino reconocer nuestro propio valor y la importancia de nuestro bienestar, lo cual es fundamental para establecer relaciones equilibradas y saludables.

El Miedo al Error y la Falsa Necesidad de Perfección

Otra creencia paralizante es la idea de que es vergonzoso cometer errores y que debemos tener una respuesta correcta para cada situación.

Esta presión por la infalibilidad, a menudo reforzada desde el sistema educativo, nos genera un miedo atroz a equivocarnos. La realidad es que tenemos todo el derecho del mundo a cometer errores.

De hecho, los grandes avances de la humanidad han surgido de personas que se atrevieron a explorar caminos nuevos, asumiendo el riesgo del fracaso.

Equivocarse no es un signo de debilidad, sino una parte indispensable del aprendizaje y la innovación.

Aceptar este derecho nos libera de la parálisis y nos permite actuar con mayor libertad y creatividad.

La Búsqueda de Validación Externa para Nuestros Sentimientos

Con frecuencia, caemos en la trampa de pensar que si no logramos convencer a los demás de que nuestros sentimientos son razonables, entonces debemos estar equivocados y nuestros sentimientos no son válidos. Esta suposición nos somete al juicio ajeno.

La asertividad, en cambio, defiende nuestro derecho a ser los jueces únicos y últimos de nuestros propios sentimientos y a aceptarlos como válidos, independientemente de lo que opinen los demás.

Es crucial recordar que este derecho es nuestro siempre y cuando no vulnere los derechos de otras personas.

Nadie más puede dictaminar cómo debemos sentirnos; validar nuestras propias emociones es un pilar de la autoconfianza.

La Confusión entre Interrumpir y la Ignorancia

Finalmente, existe la falsa creencia de que nunca se debe interrumpir a nadie y que hacer preguntas es una señal de estupidez o ignorancia. Nada más lejos de la realidad.

Tenemos el derecho a interrumpir a nuestro interlocutor para pedir una aclaración, especialmente si el tema nos afecta directamente.

Lejos de ser un signo de ignorancia, preguntar demuestra interés y un deseo genuino de comprender a fondo la situación.

De hecho, las personas que más preguntan suelen ser las que más respuestas obtienen y, por lo tanto, las que más conocimientos nuevos adquieren. La curiosidad es un motor del aprendizaje, no una muestra de debilidad.

Resumen

Una de las suposiciones que más frena la asertividad es creer que anteponer nuestras necesidades es un acto de egoísmo. La asertividad enseña que tenemos el derecho a priorizarnos sin que ello nos convierta en egoístas.

Otra creencia paralizante es la idea de que es vergonzoso cometer errores y que debemos tener siempre una respuesta correcta. La realidad es que todos tenemos derecho a equivocarnos, pues es una parte indispensable del aprendizaje.

Frecuentemente caemos en la trampa de pensar que nuestros sentimientos no son válidos si no logramos convencer a los demás. La asertividad, en cambio, defiende nuestro derecho a ser los únicos jueces de nuestras propias emociones.


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