La gestión del estrés como pilar de la comunicación asertiva
La Conexión Directa entre Asertividad y Manejo del Estrés
La diferencia fundamental que caracteriza a las personas asertivas es su notable capacidad para controlar el estrés en situaciones comunicativas de alta tensión.
Estos momentos de estrés son comunes y pueden incluir desde expresar un desacuerdo con un superior, tener una conversación delicada con la pareja, hasta defender una opinión que va en contra de la mayoría.
Aprender a gestionar eficazmente el estrés en estas circunstancias es el camino directo para adquirir un estilo de comunicación asertivo.
Esta habilidad nos permite escuchar sin agredir, valorarnos a nosotros mismos, establecer límites claros y respetar tanto nuestros propios derechos como los de los demás, sentando las bases para una interacción saludable y equilibrada.
Las Respuestas Viscerales al Conflicto: Lucha o Huida
Generalmente, cuando nos enfrentamos a una situación estresante, nuestro cuerpo activa dos respuestas viscerales y casi automáticas: la huida o el ataque.
Estas reacciones instintivas están directamente relacionadas con los dos estilos de comunicación menos efectivos.
La tendencia a la huida se corresponde con el estilo de comunicación pasivo, donde evitamos el conflicto a toda costa, sacrificando nuestras propias necesidades.
Por otro lado, la tendencia a atacar o agredir se alinea con el estilo de comunicación agresivo, donde intentamos imponer nuestro punto de vista sin considerar los sentimientos del otro.
Es crucial entender que estas son respuestas casi automáticas, pero no incontrolables; podemos aprender a gestionarlas para elegir una forma de comunicación más constructiva.
La Pausa Estratégica: Desactivando la Reacción Automática
Para superar estas respuestas instintivas y adoptar un enfoque asertivo, la herramienta más poderosa es la pausa estratégica.
Tomarse simplemente uno o cinco segundos antes de reaccionar es suficiente para desactivar esa reacción visceral de huir o atacar.
De hecho, el principal reto a la hora de comunicarnos en situaciones de conflicto es aprender a desactivar este impulso para poder dar una respuesta asertiva y meditada.
Esta breve pausa nos da el espacio necesario para expresar nuestros deseos de una manera amable, honesta, abierta, educada y directa, teniendo siempre en cuenta y respetando a la persona con la que estamos hablando.
Se trata de tener claridad en lo que queremos decir y cómo queremos decirlo, sin dejar de considerar a nuestro interlocutor.
Hacia una Comunicación Coherente y Segura
La asertividad no es un rasgo innato, sino una habilidad que se practica y se perfecciona a través de pequeñas estrategias para controlar el estrés.
Al aprender a gestionar nuestras reacciones en momentos de tensión, no solo mejoramos nuestra comunicación, sino que también ganamos seguridad en nosotros mismos y logramos una mayor coherencia en nuestra forma de hablar y actuar.
Por ello, es fundamental que nos preguntemos cómo gestionamos habitualmente las situaciones de estrés y cuál es nuestra respuesta automática.
Ser conscientes de ello es el primer paso para desarrollar un estilo de comunicación asertivo, que nos permita escuchar a los demás sin ponernos a la defensiva y expresar lo que sentimos de una forma clara y respetuosa.
Resumen
La diferencia clave de las personas asertivas es su notable capacidad para controlar el estrés en situaciones comunicativas de alta tensión. Aprender a gestionar este estrés es el camino directo para adquirir un estilo asertivo.
Cuando nos enfrentamos a una situación estresante, nuestro cuerpo activa dos respuestas casi automáticas: la huida o el ataque. La huida se corresponde con el estilo pasivo, mientras que el ataque se alinea con el estilo agresivo.
Para superar estas respuestas instintivas, la herramienta más poderosa es la pausa estratégica. Tomarse de uno a cinco segundos antes de reaccionar es suficiente para desactivar esa reacción visceral y dar una respuesta meditada.
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