Trastornos del Deseo y Excitación
Deseo sexual hipoactivo masculino
Este cuadro se caracteriza por la disminución o ausencia persistente de pensamientos, fantasías eróticas y deseo de actividad sexual.
El profesional debe eva luar múltiples factores, como la edad y el contexto sociocultural, para determinar si esta reducción constituye un problema clínico.
A menudo, factores estresantes externos, como problemas económicos o laborales, pueden "apagar" temporalmente el sistema del deseo.
Es fundamental diferenciar si la falta de iniciativa se debe a una baja libido real o a una discrepancia en el deseo con la pareja.
Si el paciente reporta que no tiene interés ni siquiera en la autoestimulación y esto le genera malestar, estamos ante un posible trastorno del deseo que requiere investigar tanto el estado hormonal como la salud emocional de la relación.
Trastorno del interés/excitación sexual femenino
En la mujer, las dificultades de deseo y excitación a menudo se solapan en un diagnóstico unificado.
Se manifiesta como una falta de interés en iniciar la actividad sexual y una ausencia de respuesta a las señales eróticas, tanto mentales (fantasías) como físicas (lubricación).
Para diagnosticarlo, se eva lúa si hay una reducción significativa en la excitación ante estímulos que previamente eran efectivos.
Es vital indagar si la paciente mantiene las fantasías pero carece de la voluntad de actuar (lo cual podría indicar un bloqueo relacional o situacional), o si la "chispa" mental ha desaparecido por completo.
El diagnóstico requiere que estos síntomas sean persistentes y no explicables mejor por otro trastorno mental o estrés vital severo.
Trastorno eréctil y la ansiedad de ejecución
Anteriormente conocido como impotencia, este trastorno implica la incapacidad recurrente para obtener o mantener una erección lo suficientemente rígida para una actividad sexual satisfactoria.
Aunque puede tener causas vasculares, el componente psicológico de la "ansiedad de desempeño" es central en muchos casos adquiridos o situacionales.
Si un hombre experimenta un fallo eréctil puntual (quizás por alcohol o fatiga) y comienza a obsesionarse con la posibilidad de fallar de nuevo, entra en un ciclo de auto-observación ansiosa.
Esta preocupación por "cumplir" desvía la atención de las sensaciones placenteras, lo que paradójicamente inhibe la respuesta física que intenta forzar.
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