Tipología de Clientes y Motivación
Clasificación de la demanda según la expectativa
No todas las parejas llegan a consulta con la misma disposición ni buscando lo mismo.
Es útil categorizar a los usuarios según sus expectativas para ajustar la intervención.
Encontramos al cliente "Reacio", que asiste bajo presión o arrastrado por su pareja; su motivación es baja o nula.
Por otro lado, está el "Buscador de Acción", que llega con una mentalidad quirúrgica, esperando que el terapeuta extirpe el problema rápidamente sin que ellos tengan que esforzarse demasiado.
También existen los "Buscadores de Opinión", que acuden al profesional como si fuera un juez, buscando que este valide su postura y dictamine quién tiene la razón en el conflicto.
Similarmente, los "Buscadores de Consejos" desean directrices precisas y recetas paso a paso, mostrando una postura más pasiva.
Finalmente, están los "Buscadores de Teoría", que desean comprender intelectualmente el origen de sus males, y los "Clientes de Terapia" propiamente dichos, que comprenden que el proceso implica hablar, procesar y trabajar activamente en el cambio.
Manejo de expectativas: De mecánico a guía
Es frecuente que las parejas lleguen con la idea equivocada de que el terapeuta "arreglará" su relación de la misma forma que un mecánico repara un coche.
Esta expectativa de pasividad debe ser confrontada y reencuadrada desde las primeras sesiones.
El rol del terapeuta no es solucionar los problemas por ellos, sino facilitar un espacio y herramientas para que ellos mismos generen las soluciones.
Si el profesional acepta el rol de "experto solucionador", corre el riesgo de generar dependencia o de ser culpado si las soluciones impuestas no funcionan.
El encuadre debe dejar claro que el terapeuta es un socio o guía en el descubrimiento, y que la responsabilidad del cambio recae en la pareja y su trabajo fuera de la sesión.
El desafío del cliente "rehén" o reacio
Una situación común es cuando uno de los miembros es el motor de la terapia y el otro asiste a regañadientes, a menudo bajo la amenaza de ruptura.
Este cliente "reacio" o "rehén" representa un obstáculo significativo, ya que la terapia de pareja requiere la participación de ambas partes para ser efectiva.
Si uno de los componentes se niega a participar o lo hace solo de cuerpo presente, boicoteando el proceso, las probabilidades de éxito son mínimas.
En estos casos, a veces se puede iniciar el trabajo con el miembro motivado, pero el objetivo siempre debe ser involucrar al otro.
Sin embargo, hay que ser realistas: si no hay una voluntad mínima de participación por ambas partes, la terapia conjunta puede no ser viable.
Resumen
Las parejas asisten con diversas expectativas que condicionan su motivación hacia el cambio real futuro. Existen perfiles desde el reacio bajo presión hasta buscadores de teoría o consejos muy precisos.
La expectativa pasiva de que el terapeuta actúe como un mecánico debe ser confrontada rápidamente. El profesional es un guía en el proceso donde la responsabilidad del cambio recae totalmente.
El cliente rehén, arrastrado por amenazas de ruptura, representa un obstáculo significativo para el éxito. Sin voluntad mínima de participación por ambas partes, la intervención conjunta no resulta finalmente viable.
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