Mitos y Creencias Sexuales
Desmontando la tiranía de la espontaneidad
Uno de los mitos más dañinos en la sexualidad de pareja es la creencia de que el sexo "real" y "bueno" debe ser siempre espontáneo, surgiendo de un arrebato de pasión incontrolable similar al de las películas.
Esta expectativa genera frustración en relaciones de larga duración, donde la rutina y las obligaciones disminuyen la frecuencia de estos impulsos naturales.
La realidad clínica es que el deseo reactivo (el que surge en respuesta a la estimulación o al contexto) es tan válido como el espontáneo. En terapia, se trabaja para validar el sexo planificado o "agendado".
Lejos de ser "matapasiones", la planificación permite crear el espacio mental y físico necesario para la intimidad, liberando a la pareja de la espera pasiva de un momento perfecto que rara vez llega por sí solo.
Preparar el encuentro puede aumentar la anticipación y el deseo, convirtiendo la intencionalidad en una herramienta erótica.
La trampa del coitocentrismo y la simultaneidad
Otra creencia limitante es el modelo coitocéntrico, que dicta que una relación sexual solo es "válida" si implica penetración y culmina en orgasmo (preferiblemente simultáneo).
Este guion rígido excluye una vasta gama de prácticas eróticas y genera una presión inmensa sobre el desempeño.
Si no hay erección o penetración, la pareja siente que "no hubo sexo" o que el encuentro fue un fracaso. Es fundamental reeducar a la pareja para ampliar su definición de sexualidad.
El sexo incluye caricias, masajes, sexo oral, manual y juegos eróticos que no necesariamente deben conducir al coito.
Del mismo modo, el mito del orgasmo simultáneo como la cumbre del amor es una fantasía literaria que a menudo lleva a fingir o a desconectarse del propio placer para intentar sincronizarse con el otro.
El disfrute individual y compartido es el objetivo, no la sincronización cronométrica.
La importancia de la comunicación explícita sobre preferencias
Existe un mito romántico de que "si me ama, debería saber lo que me gusta sin que yo se lo diga".
Esta falacia de la lectura de mente es responsable de gran parte de la insatisfacción sexual.
Asumir que la pareja conoce nuestros mapas eróticos o que lo que funcionó ayer funcionará hoy, lleva a una desconexión progresiva. El silencio en la cama no es una virtud.
A través de la anamnesis y la terapia, se anima a la pareja a verbalizar sus gustos, disgustos y fantasías.
Como ilustra la metáfora de la pareja que comió la parte del pollo que no le gustaba durante 40 años por no hablar, el silencio bienintencio
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