Intervención en Crisis
Evaluación de riesgo y condiciones de seguridad
La prioridad absoluta ante la sospecha de violencia es la seguridad. Antes de plantear cualquier intervención de pareja, el terapeuta debe eva luar el nivel de riesgo.
La terapia conjunta está contraindicada si existe violencia activa, miedo a represalias por hablar en sesión o incapacidad de uno de los miembros para expresarse libremente debido a la coacción.
Se debe indagar sobre la presencia de armas, la escalada reciente de agresiones y las amenazas de homicidio o suicidio.
Si la violencia es vigente, el tratamiento de pareja puede ser peligroso, ya que los temas tratados en sesión podrían desencadenar agresiones en casa.
En estos casos, la derivación a servicios de protección y terapias individuales separadas es el protocolo ético a seguir.
Fortalecimiento de la conciencia y la autoestima
Si se trabaja con una víctima (ya sea en un contexto donde la violencia ha cesado y hay un acuerdo de seguridad, o en terapia individual), el foco es reconstruir el "yo" erosionado.
Se utilizan técnicas como el diálogo socrático para ayudar a la persona a reconocer la realidad de su situación, superando la negación y la minimización ("¿Crees que es normal tener que pedir permiso para salir?").
El objetivo es que la víctima deje de culpabilizarse por la conducta del agresor y recupere su autoconcepto y autonomía.
Se trabaja en la identificación de sus redes de apoyo, sus capacidades y sus derechos básicos.
Empoderar a la víctima para que se valore a sí misma es el antídoto contra la dependencia que permite el ciclo de abuso.
Consideraciones éticas sobre la confidencialidad
El manejo de la información es crítico. El terapeuta debe ser transparente sobre los límites de la confidencialidad.
Si se revela una situación de riesgo inminente para la vida de un adulto o cualquier sospecha de abuso hacia menores (que a menudo coexiste con la violencia de pareja), el profesional tiene la obligación ética y legal de romper el secreto y notificar a las autoridades competentes.
Sin embargo, en situaciones de riesgo no letal inmediato para adultos, se debe proceder con cautela para no aumentar el peligro de la víctima.
Las decisiones sobre reportar o intervenir deben tomarse, en la medida de lo posible, en colaboración con la víctima y dentro de un plan de seguridad estructurado.
El contrato terapéutico debe establecer
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