Factores de Riesgo y Contexto
Crisis vitales: Enfermedad y discapacidad
Las circunstancias externas extremas pueden actuar como catalizadores para la infidelidad.
Un escenario clínico frecuente es la aparición de una enfermedad grave o una discapacidad en uno de los cónyuges.
El estrés del cuidado, el cambio en los roles y la alteración de la imagen corporal pueden llevar al miembro sano a buscar escape o validación fuera de la relación.
Se han documentado casos donde, tras un diagnóstico de cáncer y procesos como una mastectomía, la pareja del paciente inicia una aventura justificándose en la imposibilidad temporal de tener relaciones sexuales o en el rechazo a la nueva realidad física del otro.
De manera similar, accidentes que resultan en discapacidades físicas (como la pérdida de una extremidad) pueden generar una crisis donde el cuidador, abrumado por la culpa o la evitación del trauma, busca consuelo o una "vida normal" en brazos de un tercero.
Estas situaciones requieren un manejo terapéutico sumamente delicado para abordar la culpa y el duelo subyacente.
Matrimonios forzados o unidos por los hijos
Otro contexto de alto riesgo es la unión basada en la obligación externa en lugar del deseo mutuo.
Parejas que se formaron o mantienen unidas por motivos religiosos, presión social o "por el bien de los hijos" son caldo de cultivo para la traición.
Cuando la base de la relación es el deber y no la satisfacción afectiva, la infidelidad surge como una vía de escape para las necesidades emocionales y sexuales no cubiertas.
Si uno de los miembros siente que está sacrificando su felicidad solo para mantener la estructura familiar intacta, puede racionalizar la aventura como una "compensación" merecida por su sacrificio.
En terapia, es crucial desmantelar la creencia de que mantener una fachada de matrimonio infeliz es saludable para los hijos, explorando cómo la falta de autenticidad y la tensión oculta (incluida la infidelidad) afectan al sistema familiar.
El dilema del secreto en la terapia
Un desafío ético y técnico mayor es cuando el terapeuta descubre que la aventura continúa activa mientras la pareja está en tratamiento.
La pregunta clínica es: ¿Se puede hacer terapia de pareja si hay una infidelidad en curso y secreta? La respuesta general es que el trabajo de reparación es imposible mientras el engaño persista, ya que la energía emocional está dividida y la realidad de la relación está falseada. El terapeuta debe manejar esta información con cautela.
No es su rol delatar al paciente ("tu pareja te engaña"), pero sí confrontar al infiel en privado sobre la inviabilidad de avanzar en la terapia bajo estas condiciones.
Se debe presionar para que la aventura termine o para qu
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