Entendiendo la Resistencia
La resistencia como dato diagnóstico valioso
En lugar de ver la resistencia como un obstáculo molesto o un ataque personal a la competencia del profesional, el terapeuta debe reencuadrarla como una fuente rica de información.
La resistencia es, a menudo, la forma que tiene el sistema de comunicar sus límites, sus miedos o sus lealtades ocultas.
Si una pareja rechaza una intervención, no están simplemente siendo "difíciles"; están protegiendo su homeostasis o señalando que la propuesta terapéutica no encaja con su realidad. El terapeuta debe acoger la resistencia con curiosidad.
¿Qué función cumple este bloqueo? ¿A qué temen enfrentarse si cooperan? Entender que un porcentaje significativo de parejas (alrededor del 30-40%) mostrará resistencia en algún punto permite al clínico mantener la calma y no reaccionar con frustración, utilizando esa energía defensiva para profundizar en la comprensión del caso en lugar de luchar contra ella.
El cliente "rehén" o visitante
No todos los que se sientan en el sofá del terapeuta son "clientes" en el sentido estricto de alguien que busca activamente un cambio.
Algunos son "visitantes" que no creen tener un problema, o "rehenes" que asisten bajo amenaza de divorcio o por mandato de terceros.
Estos individuos no comparten el objetivo terapéutico y su meta suele ser demostrar que la terapia no funciona para poder salir de la relación con la conciencia tranquila ("lo intenté todo, incluso fuimos al psicólogo").
Identificar este perfil tempranamente es crucial. Intentar aplicar técnicas de cambio con quien no tiene intención de cambiar es un desgaste inútil.
La estrategia aquí no es forzar la terapia, sino validar su posición y quizás transicionar hacia un proceso de discernimiento o clarificación de objetivos, evitando convertirse en el "juez" que ellos esperan para rebelarse.
La metáfora del mal servicio: Parejas que buscan el conflicto
Existe una dinámica particular en la que la pareja parece utilizar la sesión no para resolver problemas, sino para recrear su conflicto frente a una audiencia.
Es comparable a unos comensales que van a un restaurante y se quejan sistemáticamente de cada plato, no porque la comida sea mala, sino porque su objetivo inconsciente es tener una mala experiencia compartida. El conflicto es su forma de conexión.
Estas parejas pueden rechazar cualquier sugerencia útil ("sí, pero...") y escalar las discusiones en presencia del terapeuta.
Entender que su meta puede ser "pasarlo mal" para confirmar sus guiones internos de infelicidad o victimismo ayuda al terapeuta a no engancharse en el intento de "satisfacer al cliente" a toda
entendiendo la resistencia