El Enfoque Sistémico en Pareja
La relación como entidad emergente y sistema vivo
En el ámbito de la intervención clínica, tradicionalmente se ponía el foco en la psique individual para resolver conflictos.
Sin embargo, al trabajar con parejas, debemos adoptar una nueva lente: la teoría de sistemas.
Una relación no es simplemente la suma de dos individuos con sus respectivas historias; es un organismo emergente con vida propia.
Al igual que en la biología o la cibernética, la pareja funciona como un sistema donde las partes interconectadas crean una entidad superior a la suma de sus componentes.
Los problemas que surgen no pertenecen exclusivamente a la "Persona A" o a la "Persona B", sino que nacen de la interacción y la dinámica que se genera entre ambos. Este sistema busca constantemente un estado de equilibrio o homeostasis.
Imaginemos un termostato: cuando la temperatura emocional cambia drásticamente debido a un evento externo (como una crisis laboral) o interno, el sistema de la pareja activa mecanismos para intentar regresar a su estado de normalidad o estabilidad previa.
Entender a la pareja como un organismo nos permite dejar de intentar "arreglar" a las personas por separado y comenzar a sanar el vínculo que las une.
Flujos de información y retroalimentación en la dinámica relacional
Dentro de este organismo, el combustible es la comunicación, entendida como un flujo constante de información.
Este intercambio no es solo verbal, sino que incluye comportamientos, gestos y silencios. En la teoría de sistemas, esto se conoce como retroalimentación o feedback.
Existen dos tipos principales de retroalimentación que determinan la salud de la relación:
Retroalimentación de escalada: Ocurre cuando la respuesta de uno de los miembros intensifica la conducta del otro.
Por ejemplo, si un miembro se retrae en silencio y el otro, ante esto, aumenta sus reclamos buscando conexión, lo que provoca que el primero se retraiga aún más. Esto genera un círculo vicioso de tensión creciente.
Retroalimentación de equilibrio: Sucede cuando la respuesta de uno ayuda a regular y calmar al sistema.
Si ante una situación de estrés, uno de los miembros ofrece calma y el otro responde disminuyendo su ansiedad, el sistema se autorregula positivamente.
El objetivo terapéutico es identificar si los patrones de intercambio de información están desestabilizando el sistema o ayudándolo a mantenerse funcional.
La causalidad circular y la dilución de la culpa
Uno de los aportes más significativos del pensamiento sistémico es el cambio de una visión lineal a una circular.
En el pensamiento lineal, buscamos un culpable: "Esto pasa porque tú hiciste aquello".
En el sistémico, entendemos que A influye en B, y la reacción de B influye de vuelta en A, creando un bucle infinito. Esta perspectiva es fundamental para diluir la culpa.
Cuando las parejas llegan a consulta, suelen traer un "paciente identificado" o culpable designado.
Al reencuadrar el problema como un fallo en el patrón de interacción del sistema, y no como un defecto de carácter de uno de los miembros, se reduce la defensividad.
Por ejemplo, en lugar de etiquetar a alguien como "el infiel", se analiza qué carencias en la comunicación o necesidades no satisfechas dentro del sistema vulnerabilizaron la relación, permitiendo que un tercero entrara.
Esto no exime de responsabilidad, pero distribuye la carga de la solución entre ambos miembros, aumentando el compromiso con el proceso terapéutico.
Resumen
La teoría sistémica considera a la pareja un organismo vivo superior a la suma de individuos. Los problemas emergen de interacciones dinámicas compartidas.
El flujo constante de información constituye la retroalimentación. Existen ciclos de equilibrio positivo o escaladas negativas que determinan la funcionalidad del sistema relacional.
La causalidad circular abandona la culpa lineal buscando influencias recíprocas. Reencuadrar conflictos como fallos del patrón común aumenta el compromiso y reduce defensividad.
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