El Ciclo de la Violencia
Fase 1: Acumulación de tensión
La violencia en la pareja no es un evento estático, sino un proceso cíclico. La primera fase se conoce como "Acumulación de Tensión". Aquí, los conflictos menores y la irritabilidad aumentan progresivamente.
La víctima percibe el cambio en el ambiente y a menudo intenta apaciguar al agresor, "caminando sobre cáscaras de huevo" para evitar un estallido. Se producen roces cotidianos, silencios hostiles y críticas crecientes.
Por ejemplo, una queja menor sobre el orden de la casa se carga de una agresividad desproporcionada.
La víctima puede volverse excesivamente complaciente, creyendo erróneamente que si se comporta "perfectamente", podrá controlar la ira de su pareja y evitar la agresión. Esta fase genera una ansiedad anticipatoria constante y desgastante.
Fase 2: Explosión o episodio agudo
Inevitablemente, la tensión acumulada se libera en la segunda fase: la explosión.
Ocurre el incidente de violencia aguda, que puede ser físico (golpes), sexual o un ataque verbal y psicológico devastador.
Es el momento donde el control se pierde y se produce el daño directo. Tras el incidente, la víctima suele quedar en estado de shock, miedo o indefensión.
El agresor, por su parte, puede descargar su tensión y sentir una sensación temporal de alivio o justificación ("me obligaste a hacerlo").
Es en esta etapa donde es más probable que se busque ayuda externa, médica o policial, si la agresión ha dejado marcas visibles o el miedo a morir se ha hecho presente.
Fase 3: Luna de miel y arrepentimiento
La fase más insidiosa y la que perpetúa el vínculo es la "Luna de Miel" o reconciliación.
Tras la agresión, el abusador puede mostrarse arrepentido, pedir perdón, traer regalos y prometer que "nunca más volverá a suceder".
Se comporta de manera cariñosa y atenta, recordándole a la víctima la persona de la que se enamoró.
Sin embargo, este arrepentimiento suele venir acompañado de manipulación y racionalización: "Lo siento, pero es que estaba muy estresado y tú me provocaste".
La víctima, queriendo creer en el cambio y mantener la familia unida, acepta las disculpas y minimiza lo ocurrido.
Esta fase refuerza la esperanza y la dependencia, haciendo muy difícil romper la relación.
Con el tiempo, si n
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