Constructivismo y Narrativa
De la normalidad objetiva a la construcción de significados
La evolución de la terapia familiar nos ha llevado a cuestionar los modelos rígidos de lo que constituye una "familia funcional". Las primeras corrientes buscaban devolver a la familia a una estructura idealizada.
Sin embargo, el enfoque constructivista desafía esta noción, argumentando que no existe una única forma correcta de relacionarse.
En la actualidad, con la diversidad de configuraciones relacionales, intentar imponer un modelo de "normalidad" es obsoleto e ineficaz. El constructivismo postula que cada pareja crea su propia realidad y significado.
Lo que para una pareja puede ser una distancia emocional inaceptable, para otra puede ser un espacio vital de autonomía satisfactoria.
Por tanto, el trabajo clínico no consiste en corregir a la pareja para que encaje en un molde estadístico, sino en comprender cómo han construido su narrativa conjunta y si esa construcción les es útil o les genera sufrimiento.
El rol del terapeuta: De experto a colaborador
Bajo este paradigma, la jerarquía en la consulta cambia drásticamente. El terapeuta deja de ser el "mecánico" experto que diagnostica y repara una pieza rota basándose en un manual universal.
En su lugar, se convierte en un socio o colaborador en el proceso de descubrimiento. La pareja es la experta en su propia vida y experiencia.
El profesional actúa como un facilitador que ayuda a los clientes a explorar sus propias percepciones y significados.
Se abandona la postura de impartir "verdades absolutas" sobre cómo debe ser el amor, para pasar a un modelo de co-construcción donde se ayuda a la pareja a reescribir las narrativas que les están causando dolor, buscando significados alternativos que permitan una convivencia más armoniosa.
La relatividad de los problemas: ¿Realidad objetiva o percepción?
Desde la óptica constructivista, los problemas no existen en el vacío; existen porque alguien los define como tales.
Un comportamiento solo se convierte en problemático cuando entra en conflicto con la visión del mundo o las expectativas de uno o ambos miembros de la pareja. Por ejemplo, consideremos el manejo del tiempo libre.
Si ambos miembros valoran la independencia extrema, pasar fines de semana separados no constituye un problema.
El conflicto surge solo si uno interpreta esa separación como desamor. Sin embargo, esta relatividad tiene límites.
Existen situaciones, como la violencia o el abuso, que son objetivamente problemáticas y dañinas, independientemente de si la pareja las ha normalizado en su narrativa interna.
El desafío terapéutico reside en navegar entre el respeto por la construcción de la realidad de la pareja y la ética profesional ante situaciones de riesgo objetivo, ayudando a distinguir entre preferencias relacionales y dinámicas destructivas.
Resumen
El enfoque constructivista cuestiona modelos rígidos de normalidad objetiva en familias. Cada pareja crea significados propios sobre su realidad, autonomía y distancia emocional aceptable.
El terapeuta abandona el rol de experto mecánico para ser colaborador facilitador. La pareja es experta mientras co-construyen narrativas menos dolorosas y útiles.
Los problemas son percibidos según expectativas internas y visiones del mundo específicas. Existen límites éticos objetivos ante situaciones de violencia o abuso dañino.
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