Competencia Cultural
La complejidad de la sala multicultural
En la terapia individual, interactúan dos culturas: la del terapeuta y la del cliente.
En la terapia de pareja, la ecuación se complica, introduciendo al menos tres culturas en la habitación.
Podemos encontrar escenarios donde el terapeuta pertenece a la cultura dominante y ambos miembros de la pareja a una minoría (misma o diferente), o situaciones mixtas donde terapeuta y uno de los miembros comparten cultura mientras el otro no.
Cada permutación crea dinámicas de poder y entendimiento diferentes. Por ejemplo, si el terapeuta y uno de los miembros comparten el mismo origen cultural dominante, existe el riesgo de formar una alianza implícita o de dar por sentadas ciertas normas, dejando al otro miembro aislado.
El profesional debe mapear estas intersecciones culturales desde el primer contacto para evitar sesgos invisibles.
Factores culturales específicos en la dinámica relacional
La cultura no es solo folclore; define las reglas del juego relacional. Al eva luar a una pareja, debemos investigar cómo sus antecedentes culturales influyen en áreas críticas.
Los roles de género y la división de responsabilidades domésticas suelen estar fuertemente marcados por la tradición.
Lo que en una cultura es "colaboración", en otra puede ser visto como una intromisión en el rol del otro.
Otros factores incluyen los estilos de comunicación (directos vs. indirectos), las muestras de afecto (públicas o privadas), la estructura familiar (el papel de los suegros y la familia extensa) y las creencias religiosas sobre el matrimonio y el divorcio.
Ignorar cómo la cultura dicta la visión sobre la crianza o la jerarquía de poder puede llevar al terapeuta a patologizar comportamientos que son normativos en el contexto de origen de la pareja.
Conciencia y autoeva luación cultural del terapeuta
La competencia cultural no es un destino, sino un proceso continuo. Requiere que el terapeuta mantenga una consideración constante del marco de referencia del cliente en cada etapa, desde la eva luación hasta la intervención.
Esto implica adoptar una postura de "no saber", evitando estereotipos y permitiendo que la pareja eduque al terapeuta sobre su realidad específica.
Sin embargo, no basta con preguntar; el terapeuta tiene la responsabilidad ética de adquirir conocimientos previos sobre los grupos culturales con los que trabaja para no cargar a los clientes con la tarea de explicarlo todo.
Fundamentalmente, esto requiere una eva luación crítica de la propia cultura del terapeuta.
Debemos reconocer que nuestros propios valores sobre la "pareja sana" no son verdades universales, sino construcciones de nuestro propio entorno, y debemos ser capaces de ponerlos entre paréntesis para no imponerlos a nuestros consultantes.
Resumen
La sala multicultural introduce dinámicas de poder complejas entre el terapeuta y la pareja atendida. Mapear estas intersecciones evita sesgos invisibles que podrían aislar injustamente a uno de los consultantes.
La cultura define reglas de género y estilos comunicativos que impactan la dinámica relacional cotidiana. Ignorar estos factores puede llevar a patologizar comportamientos que son normativos en sus contextos originales.
La competencia requiere autoeva luación constante de los propios valores del terapeuta sobre parejas sanas. Adoptar una postura de no saber permite aprender verdaderamente de la realidad específica del sistema actual.
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