Los estímulos de la comunicación en la imagen
Estímulos verbales, no verbales y mixtos
Para que la percepción se forme, nuestro cuerpo emite continuamente tres tipos de señales.
Los estímulos verbales incluyen todo lo relacionado con la palabra hablada y escrita, así como el tono de voz.
Curiosamente, son los más fáciles de controlar mediante el aprendizaje y la oratoria.
Sin embargo, tienen menos peso que los estímulos no verbales, que abarcan la gestualidad, la postura, la mirada y el movimiento.
Estos son difíciles de manipular conscientemente y, por lo tanto, el interlocutor tiende a confiar más en ellos, ya que revelan la verdad emocional.
Finalmente, los estímulos mixtos ocurren cuando ambos canales operan simultáneamente, como en una conversación cara a cara.
En estas situaciones, la coherencia es clave: si nuestras palabras dicen una cosa pero nuestro cuerpo grita otra, el receptor siempre priorizará lo que ve sobre lo que escucha.
El impacto visual: "Como te ven, te tratan"
El sentido de la vista es el más dominante en la especie humana, influyendo en la inmensa mayoría de nuestras decisiones diarias (se estima que más del 80%).
Este predominio visual da lugar al axioma social de que el trato que recibimos es un reflejo directo de la apariencia que proyectamos.
No se trata de superficialidad, sino de un mecanismo biológico de clasificación rápida.
Nuestra indumentaria actúa como un sistema de señalización que comunica datos sobre nuestro género, edad, estatus social e incluso personalidad antes de que pronunciemos una palabra.
Si una persona proyecta descuido o agresividad a través de su atuendo, el entorno reaccionará con rechazo o cautela instintiva.
Por ello, vestir adecuadamente no es solo estética, es una herramienta estratégica de comunicación.
La coherencia entre la esencia y la apariencia
Una imagen exitosa no es un disfraz, sino una amplificación de la identidad real. Debe existir una alineación total entre quiénes somos internamente (nuestra esencia) y cómo nos presentamos externamente.
Si intentamos proyectar algo que no somos, creamos una disonancia que el observador detecta inconscientemente como "ruido" o falta de autenticidad.
Por ejemplo, si un profesional desea proyectar autoridad pero su postura es encorvada y su vestimenta descuidada, el mensaje se pierde.
La autenticidad requiere que nuestras acciones y nuestra estética respalden nuestros valores internos.
Como dice el dicho, nuestras acciones (y nuestra apariencia es una acción constante) deben hablar tan alto que no sea necesario explicar quiénes somos.
Resumen
Para formar la percepción, emitimos estímulos verbales, no verbales y mixtos. Los no verbales tienen más peso y generan confianza, pues revelan la verdad emocional difícil de manipular.
El impacto visual es dominante, influyendo en el 80% de las decisiones diarias. La vestimenta actúa como sistema de señalización rápida, comunicando estatus y personalidad antes de hablar.
Debe existir coherencia total entre esencia interna y apariencia externa. Si proyectamos algo falso, se crea una disonancia que el observador detecta inconscientemente como falta de autenticidad.
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