Principios Éticos y Competencias
La tríada fundamental: Conciencia, Auto-creencia y Responsabilidad
El ejercicio del coaching educativo se sustenta sobre tres pilares éticos y operativos que guían toda intervención exitosa.
El primero es la conciencia: la capacidad de darse cuenta. Sin conciencia de la situación actual, de las propias limitaciones y de las fortalezas, no hay punto de partida para el cambio.
El coach actúa como un espejo que refleja la realidad del alumno sin distorsiones, permitiéndole ver lo que antes estaba oculto.
El segundo pilar es la auto-creencia. Es imperativo que el educador crea firmemente en la capacidad del alumno para superar sus desafíos.
Esta confianza se transmite y se convierte en el combustible que el estudiante necesita para atreverse a intentarlo.
El tercer pilar es la responsabilidad. Una vez que hay conciencia y confianza, el siguiente paso ineludible es la acción comprometida.
El coaching no es un ejercicio teórico; exige que el alumno se haga cargo de sus elecciones y de las consecuencias de las mismas.
Estos tres elementos forman un ciclo virtuoso: al aumentar la conciencia, crece la confianza en uno mismo, lo que a su vez fomenta una mayor asunción de responsabilidad.
Este marco ético asegura que el proceso educativo no sea una mera manipulación conductual, sino un verdadero camino de maduración y desarrollo del carácter.
La mirada apreciativa y la suspensión del juicio
Una de las competencias más desafiantes y necesarias para el docente-coach es la capacidad de suspender el juicio.
En el entorno escolar, estamos acostumbrados a eva luar, etiquetar y corregir constantemente.
Sin embargo, para que el coaching funcione, es necesario crear un espacio libre de juicios de valor donde el alumno se sienta aceptado incondicionalmente.
Esto no significa aprobar conductas disruptivas, sino separar la conducta de la identidad del estudiante.
Ver al alumno no como "el problemático" o "el lento", sino como una persona en proceso de aprendizaje que está haciendo lo mejor que puede con los recursos que tiene en ese momento.
Esta "mirada apreciativa" o "mirada de grandeza" tiene un efecto transformador poderoso.
Cuando un estudiante se siente visto desde su potencial y no desde su déficit, sus defensas bajan y su disposición a colaborar aumenta.
El coach entrena su mente para buscar activamente las fortalezas, los talentos y las intenciones positivas detrás de las acciones del alumno.
Al validar al ser humano que hay detrás del estudiante, se construye un vínculo de confianza indestructible que es la base fértil sobre la cual puede sembrarse cualquier aprendizaje académico o vital.
Resumen
El coaching se sustenta en tres pilares: conciencia, auto-creencia y responsabilidad comprometida del alumno. Estos elementos forman un ciclo virtuoso que impulsa un verdadero desarrollo del carácter personal.
Una competencia vital es la mirada apreciativa, que implica suspender juicios para ver el potencial del estudiante. Separar la conducta de la identidad permite construir un vínculo de confianza.
Al validar al ser humano, se crea una base fértil para cualquier aprendizaje académico o vital. El docente-coach entrena su mente para buscar talentos e intenciones positivas en cada acción.
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