Disgrafía y Disortografía
Diferenciación entre ejecución motora y codificación
Dentro de las dificultades de la escritura, es crucial distinguir dos trastornos que, aunque a menudo coexisten, tienen naturalezas distintas. La disgrafía es un trastorno de tipo motor que afecta a la calidad de la escritura.
Se manifiesta en una letra ilegible, trazos irregulares, dolor o fatiga muscular al escribir y una mala organización espacial en el papel. El problema reside en la coordinación mano-ojo y la planificación motora fina.
Por otro lado, la disortografía es un problema de codificación. El alumno puede tener una caligrafía perfecta, pero su texto está plagado de errores ortográficos (naturales y arbitrarios), uniones indebidas de palabras y problemas de sintaxis.
Aquí el fallo no está en la mano, sino en la capacidad de automatizar las reglas gramaticales y visualizar la estructura de la palabra.
Diferenciar ambos perfiles es vital, ya que un alumno disgráfico necesita terapia psicomotriz, mientras que uno disortográfico requiere reeducación lingüística.
Tecnología como puente para la expresión escrita
Tradicionalmente, la intervención en estos casos se centraba en la repetición mecánica (caligrafía y dictados), lo cual suele generar frustración y rechazo.
El enfoque moderno del coaching educativo y la psicopedagogía apuesta por el uso de la tecnología de asistencia.
Para un alumno con disgrafía severa, el teclado o el dictado por voz no son "trampas", sino prótesis necesarias que le permiten expresar sus ideas sin el bloqueo motor.
Del mismo modo, los correctores ortográficos inteligentes y los predictores de texto ayudan al alumno con disortografía a centrarse en el contenido y la creatividad de su mensaje, en lugar de bloquearse por el miedo a cometer faltas.
La intervención debe priorizar la calidad de la expresión escrita y la estructura del discurso sobre la estética o la corrección mecánica, utilizando herramientas digitales que actúe
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