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No imites, busca la autenticidad

Muchas personas, con el fin de adentrarse en determinado grupo social o de comenzar a parecerse al modelo de persona a la que aspiran llegar, empiezan a imitar el comportamiento y la proyección social de otros. La necesidad de imitar a otras personas para sentirnos bien con nosotros mismos, es una actitud que refleja parte de nuestras carencias emocionales. La autenticidad es un rasgo muy valorado, por lo que debemos saber cuidarlo con el fin de formarnos una personalidad propia, que no intente asemejarse a los patrones de conducta ajenos.


Es importante saber diferenciar la admiración de la imitación, somos libres de aprender de otros a los que admiramos, pero imitarlos puede convertirnos en personas sin carácter o rasgos auténticos. Durante el desarrollo de la presente guía estaremos abordando algunos de los temas básicos que giran en torno a la autenticidad como característica de gran valor en todas las personas y la importancia de evitar la imitación con el objetivo de crearnos una personalidad propia.



1. La personalidad no puede ser imitada


Independientemente de qué tanto quieras parecerte a esa persona a la que admiras, tu personalidad es el reflejo de una serie de elementos particulares de tu persona. Es imposible que puedas adecuar tu personalidad a la de otro, si intentas actuar como él solo estarás creando una capa de ficción entre lo que realmente eres y la imagen que proyectas.


Imitar a alguien con el fin de copiar sus rasgos característicos no te hace ser como esa persona. Siempre prevalecerá la autenticidad por encima de las imitaciones, las personas notarán cuándo están en frente de alguien verdaderamente auténtico y cuándo no.



2. Admirar vs imitar


Admirar a una persona y aprender de esta no tiene nada que ver con el hecho de imitarla. Si alguien despierta un especial interés en tu persona, ya sea por sus características sociales, sus habilidades o su inteligencia, puedes tomarte el tiempo en aprender de ella y mostrar admiración hacia a esta. La imitación comienza en el punto en el que comenzamos a falsear nuestro comportamiento, ya sea conscientemente o de forma subconsciente.


Si no somos coherentes entre lo que proyectamos y lo que realmente expresa nuestro interior, es probable que estemos imitando los patrones de comportamiento de aquellos en los que nos fijamos. Apóyate en quienes admires para aprender de sus habilidades y características con el fin de mejorar las tuyas y construir una mejor versión de ti mismo, no una copia más de otra persona.



3. La autenticidad no puede ser forzada


La autenticidad surge de forma natural, no es algo que podamos forzar o adecuar a nuestra conveniencia. Si tienes la necesidad de pensar sobre la forma en la que te proyectas, lo más probable es que esa proyección de tu persona no sea real ni honesta. Déjate llevar y no intentes asumir patrones de conductas ajenos con el fin de encajar en un grupo social determinado, solo siendo natural en tus actos podrán percibir a plenitud tu autenticidad y valorarte por lo que realmente eres.


Siendo auténticos es probable que no encajemos en todos los grupos sociales que deseamos, esto no es algo que deba desanimarnos, al final la razón por la que no encajamos se debe a que estos grupos sociales no son coherentes hacia nuestro sistema de creencias, pensamientos y valores éticos. Si forzamos nuestra entrada a estos grupos, lo más probable es que terminemos afrontando desavenencias que conlleven a que nos separemos tarde o temprano. Siendo auténticos atraeremos a personas que sean compatibles con nosotros, sin necesidad de forzar una personalidad que no es la nuestra.




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