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No centres tu atención en problemas mínimos

Es importante que aprendamos a manejar nuestras energías a la hora de enfrentar los problemas que se van suscitando. No necesariamente debemos estar al pendiente de cada situación problemática, sino que debemos saber discernir entre aquello que verdaderamente demanda de nuestra atención y lo que no es imprescindible para nuestro progreso y estabilidad emocional. La vida, en toda su complejidad, está plagada de adversidades y situaciones que escapan a nuestro control, esto ocasiona que muchas veces nos veamos sesgados ante eventualidades que no son tan importantes como llegamos a creer.


Durante el desarrollo de la presente guía estaremos hablando de la importancia que tiene el saber distinguir entre los problemas importantes y los problemas mínimos, de forma tal que aprendamos a centrarnos en los primeros sin malgastar nuestras energías en los segundos.



1. ¿Cómo saber si un problema es verdaderamente importante?


Cuando nos encontramos ante la aparición de diversos problemas a la vez, lo más inteligente es comenzar por clasificarlos entre problemas importantes y problemas mínimos. Los problemas importantes son fáciles de detectar porque cumplen con una serie de características generales como:


  • No pueden ser postergados

  • Si no los erradicamos a tiempo podrían traer consecuencias muy perjudiciales

  • Nuestro desarrollo se encuentra obstaculizado por la presencia de estos problemas


En cambio, un problema mínimo no es más que una situación adversa, algo que no ha resultado de la manera que esperábamos y por ende nos provoca una sensación de ansiedad o frustración. Si bien estos problemas son molestos, no impiden nuestro avance ni demandan de nuestra atención de forma urgente. Muchos de estos problemas pueden desaparecer con el paso del tiempo o realizando pequeñas acciones, por lo que centrarnos fijamente en solucionarlos puede suponer un mal aprovechamiento de nuestro tiempo y energías.



2. Atiende a tus problemas mínimos solo cuando hayas solucionado los problemas importantes


Una vez resuelto el dilema de clasificar tus problemas entre mínimos e importantes, procederás a centrar tu atención en los problemas importantes. Según vayas dando solución a estos problemas, tendrás más tiempo para aquellos que no son de carácter urgente. Puedes trabajar en tus problemas mínimos cuando los problemas importantes hayan desaparecido, de esta forma solo quedarán aquellos que no se hayan podido resolver con el paso del tiempo y que dependen de una mínima implicación de tu parte.


Esto es coherente hacia la idea de trabajar primero en las situaciones más complejas para después enfocarnos en las más sencillas. Normalmente cuando somos capaces de solucionar aquello que más trabajo requiere de nuestra parte, el resto será percibido como una nimiedad, que podremos ejecutar aún en los momentos donde nuestras energías no se encuentren en óptimas condiciones.



3. Combina la solución de problemas mínimos con problemas importantes que estén relacionados


Esta idea puede parecer contradictoria con la que hemos expuesto anteriormente. Si bien hemos recomendado enfocarnos primero en la solución de los problemas importantes antes de atender a los problemas mínimos, una estrategia que puede resultar de utilidad en algunas ocasiones es la de vincular los problemas mínimos con los importantes que se le relacionen.


Esto significa que si te encuentras trabajando en un problema importante, pero detectas que hay un problema mínimo que comparte la misma solución, porque se encuentra relacionado al importante, procedas a ejecutar acciones para que ambos desaparezcan a la vez. Esto te permitirá ahorrar tiempo y energía en tener que atenderlos por separado. Una vez más insistimos en que este recurso solo aplica a problemas que comparten la misma naturaleza, en ningún caso debes desatender un problema importante para trabajar en otro que no es de urgencia.




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