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La pérdida de la confianza

Si bien, es importante que le enseñemos a nuestros hijos la importancia de aprender a confiar en otras personas y a la vez confiar en sus propias capacidades, no debemos obviar las consecuencias de perder la confianza de alguien. Fomentar la responsabilidad sobre nuestras acciones es también ser conscientes de que la confianza se puede perder con gran facilidad. La pérdida de la confianza es una reacción natural hacia una acción que hacemos o dejamos de hacer. Perdonar y confiar no son lo mismo y esto es algo que le debemos dejar bien claro a nuestros menores.


Durante el desarrollo de la presente guía, estaremos profundizando en el tema de la pérdida de la confianza, cómo influye esto en nuestras relaciones con otras personas y de qué manera podemos transmitir estos conocimientos para que sean de utilidad en la formación y el desarrollo personal de nuestros hijos.




1. Perdonar y confiar

Como decíamos anteriormente, perdonar y confiar no son lo mismo. El perdón es aceptar el daño ajeno y ser capaces de lidiar con él sin guardar rencores por ello. Cuando se pierde la confianza no se puede enmendar mediante el perdón, porque perdonar no hará que se recupere la certeza de que la otra persona se comprometerá con futuras acciones aún cuando no ha sido capaz de mantener su compromiso en otros momentos.


Nuestros hijos deben entender que la vida se trata de ser consecuentes con nuestras acciones, que ante los hechos que llevamos a cabo también existirán reacciones, y estas reacciones deben ser enfrentadas con madurez. Debes perdonar a tu hijo y aceptar que los errores son parte del ser humano, pero también tienes el deber de inculcarles el valor de la responsabilidad y la importancia de asumir consecuencias. Pensar que porque sean sus padres implica que no sucederá nada ante la falta de sus compromisos, en un futuro lo llevará a creer que podrá hacer los mismo con sus amigos, pareja y otros familiares.


Las reglas siempre serán las mismas y deben ser enseñadas desde el hogar, porque esto se trata de su formación personal de cara a sus futuras interacciones sociales. Siendo honestos en nuestro trato es la mejor manera de que nuestro hijo pueda aprender estas valiosas lecciones de vida a un bajo costo.




2. La confianza se gana, no se regala

El hecho de que tu hijo sea quien ha defraudado tu confianza, no es una condición para regalársela. Las cosas que se regalan no se valoran de la misma manera que cuando son ganadas por propio esfuerzo. Cuando tu hijo incumpla sus compromisos debe pagar las consecuencias por ello, hazle saber desde temprano que sus acciones siempre tendrán consecuencias, sobreprotegerlos en estos casos atenta contra su propia educación.


Si no confías en tu hijo exprésale el por qué, él debe ser consciente de que sus acciones pasadas no lo hacen digno de tu confianza y que si desea recuperarla deberá trabajar fuertemente por ello, mediante sus hechos y no con sus palabras. Una vez entienda que la confianza se gana, no se regala, cuidará más sus compromisos y pondrá más empeño en sus acciones para no defraudar a aquellos que han depositado su confianza en él.


Si eres tú el que le deja pasar sus faltas de responsabilidad, crecerá creyendo que puede relacionarse de esa forma, siendo una persona que falta a sus compromisos y que no asume las consecuencias de sus actos. Por muy duro que parezca, hacerle sentir las consecuencias d sus acciones desde edades tempranas, lo hará ser una persona más íntegra y que valore más a los que creen en él.

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