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La libertad de elección en los hijos

Durante la niñez y sobre todo en el tránsito por la adolescencia, nuestros hijos comienzan a experimentar sus propias inquietudes y a exteriorizar cierta oposición hacia la autoridad de sus padres. Esto conlleva a que la libertad de elección sea cada vez más demandada entre los menores, que buscan sentirse responsables de escoger aquello que más les convenga o se adapte a sus gustos y necesidades.


Un adecuado manejo de esta situación por parte de los padres, puede ser muy significativo a la hora de conducir a los hijos hacia un ambiente donde puedan disfrutar de esa libertad de elección con una supervisión y guía constante de los padres, que al final son los que cuentan con la experiencia y la pericia necesaria para prevenir los posibles errores a cometer en el camino.


Durante el desarrollo de la presente guía, estaremos abordando algunos de los aspectos más importantes relacionados con la libertad de elección en los niños y cómo aprender a manejarnos ante esta situación, para lograr una estabilidad emocional en nuestro trato con el menor.




1. Elegir dentro de la supervisión

Está claro que existe una gran diferencia entre la experiencia de un padre y la de un hijo. Ambos roles deben ser bien distinguidos, ya que la madurez a nuestra edad no es la misma que cuando somos niños. Dejar que nuestro hijo tome todas las decisiones que pudiesen afectarle en su desarrollo personal, más que ser contraindicado, sería una irresponsabilidad de nuestra parte. No obstante, existen vías para otorgarle cierta libertad al menor sin que esto atente contra sus intereses personales.


Las vías a las que hacemos referencia, son las de la elección dentro de la supervisión. La idea consiste en que sea nuestro hijo quien experimente la responsabilidad de elegir lo que desea, siempre dentro de un grupo de opciones preestablecidas. La supervisión del padre está basada justamente, en que es este quien realiza las propuestas acondicionadas a la satisfacción del mejor interés del menor.


En esta relación, de elegir con supervisión, logramos ofrecer una serie de soluciones que conducen a un resultado positivo, siendo el menor quien termine escogiendo aquella que más se adapte a sus gustos.




2. Negociación

La elección del menor, dentro de la supervisión del padre, también puede tener ciertos contratiempos. Es posible que nuestro hijo haga oposición a todas las propuestas que hemos realizado, por lo que las alternativas restantes serían imponer nuestra autoridad o negociar para logra que se cumpla el objetivo trazado. Sería inocente creer que nunca tendremos que hacer uso de la autoridad como método para imponer nuestra voluntad, en ocasiones solo queda esa vía, pero es posible tomar caminos más sensatos para que los efectos sean mejor percibidos.


Cuando imponemos nuestra autoridad, logramos que se haga lo que deseamos, pero no tendremos la aprobación de nuestro hijo ni su satisfacción para retroalimentarnos. Esto conlleva a que las tareas se hagan de mala gana o que encontremos reproches en el camino. La negociación, en cambio, nos permite aproximarnos a los intereses de nuestro hijo sin perder la perspectiva de lo que deseamos lograr. Negociando se consigue los mismos resultados que imponiéndonos, con la diferencia de que el menor percibirá que estamos dispuestos a escucharlo e intentar complacer al máximo sus exigencias dentro del ámbito de lo posible.


Intenta enfocarte en los puntos coincidentes para formular propuestas que sean del agrado de ambos, en los casos donde las voluntades no estén alineadas, prueba cediendo en los aspectos de menor interés para ti, de forma tal que logres que él ceda en aquellos que son verdaderamente importantes.

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