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Preparar a los hijos para las adversidades

2024-04-05

Las relaciones familiares dentro del hogar, son la primera escuela que tiene todo ser humano para prepararse para enfrentar la vida en sociedad. Es una actitud común, dentro de los padres, el querer sobreproteger a los hijos, evitarles cualquier posible sufrimiento y hacerles sentir que todo les saldrá bien pase lo que pase. Lo que sucede, es que tarde o temprano, los hijos crecen y deben enfrentarse a la realidad de que sus padres no siempre podrán protegerlo ante las adversidades, es aquí donde la sobreprotección puede ser un factor obstaculizador para el crecimiento y desarrollo del menor.

Durante el desarrollo de la presente guía, estaremos abordando en mayor profundidad este tema, de forma tal que puedas educar a tus hijos para enfrentar las adversidades y asumirlas dentro de la realidad, como un elemento más que estará presente en nuestras vidas.

Naturalizar las adversidades

El primer punto de gran importancia, que queremos abordar en este tema, es el de naturalizar las adversidades. No tenemos que hacer que todo parezca fácil o crear en el imaginario de nuestro hijo que siempre podemos lograr lo que queramos. La vida se trata de intentos, con aciertos y desaciertos. Es importante que aprendamos a naturalizar los desaciertos y en vez de buscar enmascararlos, pensemos cómo educar a nuestros hijos en obtener el mayor provecho posible de los mismos.

Seguramente te has encontrado o te encontrarás con situaciones donde sabes que tu hijo está tomando decisiones que le conducirán a un mal resultado, al menos que intervengas y aportes tus recursos y experiencia. No está mal que cuando una de estas situaciones no represente un gran problema para tu hijo, le permitas también experimentar la sensación del fracaso. Aquellos que no logran naturalizar el fracaso a tiempo, viven dentro del victimismo y las justificaciones. Que tu hijo entienda que las cosas pueden salir bien o salir mal, pero quien escoge lo que hará con ese resultado es él y nadie más.

El valor de la experiencia

Siguiendo con la idea que hemos abordado en el punto anterior, resulta válido que destaquemos la importancia de inculcar el valor de la experiencia, sobre todo de las experiencias negativas. Una experiencia negativa, adversidad o fracaso, solo significa que nuestras acciones no han logrado el resultado deseado. Esto no implica que no tengamos la capacidad de lograrlo si moldeamos nuestras acciones y estrategias para intentar cosas nuevas.

El valor de la experiencia radica en que, gracias a nuestros desaciertos, ahora contamos con más recursos para escoger mejores vías para intentar aquello que no hemos logrado. Dentro del ámbito profesional, uno de los factores que más peso tiene es la experiencia. La experiencia de una persona está condicionada por las veces que ha intentado algo o ha repetido un proceso exitoso. Cuando los resultados son positivos, se debe instar al hijo a repetir el proceso varias veces para fijar esta experiencia como un nuevo conocimiento aprendido.

En el caso de que el resultado sea negativo, se comenzará por naturalizarlo, no darle más importancia que la de tener que analizar ahora una nueva forma de intentarlo. Sobreponernos a las adversidades es el valor que debemos transmitir a nuestro hijo. Cuando el padre se encarga de culpabilizar al menor, solo logra que este se victimice y siembre en sí el temor a equivocarse. Este temor a equivocarse derivará en el conformismo y la falta de proactividad, cuando el niño ya sea un adulto y deba enfrentar escenarios más complejos. Trabaja en el espíritu de superación y crecimiento personal, evitando que el fracaso sea percibido como un reflejo de nuestras capacidades.