Crisis del sistema alimentario

Hoy en día nos encontramos bajo un panorama que nos ofrece toda una gama de alimentos tan sabrosos como dañinos, hemos logrado con nuestro actuar que se normalice el comercio de alimentos nocivos para nuestra salud. Nos centramos en proteger a los niños de sustancias dañinas como el tabaco, mientras que obviamos que estos consumen productos que son la fuente de muchas de las enfermedades a las que se tendrán que enfrentar en un futuro.


En países como Estados Unidos, la obesidad es un problema extremadamente grave que causa la muerte de un gran número de personas al año. Lo peor de todo esto, es que es un problema que a nadie le interesa enfrentar. Las compañías que se encuentran detrás de la producción de estos alimentos, si es que podemos llamarlos alimentos, invierten millones de dólares al año para hacernos olvidar cuánta azúcar posee una gaseosa o cuánta grasa saturada posee la llamada “comida rápida”.




Problemas de una dieta deficiente

La mala alimentación, carente de los elementos nutricionales que necesita el organismo humano, se ha convertido en un fenómeno tan peligroso que ha conllevado a que disímiles universidades se involucren en su estudio. Las investigaciones científicas llevadas a cabo, arrojan resultados altamente preocupantes, la alimentación deficiente provoca más muertes al año que el tabaco, la hipertensión o la contaminación ambiental. Este dato es suficiente para que dejemos de subestimar la importancia de considerar profundamente qué comemos y cuáles son nuestros hábitos alimenticios.


La era de la información nos ha provisto de todo un arsenal de artículos y elementos relacionados con la alimentación y estilo de vida saludable. No obstante, la lucha por informar cuenta con adversarios muy poderosos, las empresas que abastecen los mercados de comida basura y dañina, ganan millones a expensas de nuestra salud, es un negocio tan lucrativo que aunque contamos hoy en día con miles de estudios científicos que avalan con criterio los motivos por los cuales no deberíamos comercializar determinados alimentos, parece imposible la mera idea de modificar un poco la fórmula alimenticia de los mismos.


El panorama es altamente complejo. Los alimentos a los que hacemos referencia no deberían de estar ni siquiera en el mercado, estamos hablando de etiquetas nutricionales que en términos de nutrición son absurdas. El nivel de azúcar que posee una gaseosa es nocivo para el cuerpo humano. El sodio y la grasa saturada en ciertos alimentos de cadenas de comida rápida son la causa exacta de muchos de los problemas cardiovasculares que presentamos de adultos, hipertensión, alto colesterol, problemas cerebrovasculares, obesidad, cardiopatías, diabetes entre muchos otros.

Por suerte, no todo está perdido, las nuevas tendencias en nutrición parecen arrojar un poco de esperanza sobre toda esta cuestión.




Tendencias sanas en la alimentación

En los últimos años hemos podido observar ciertas tendencias hacia la alimentación saludable. Especialmente en países de mayor desarrollo. Se empieza a cuestionar la moral de algunas empresas que venden productos dañinos aun contando con la evidencia científica al respecto. La lucha contra el azúcar ha forzado a muchos nuevos empresarios a buscar alternativas más saludables para endulzar sus productos. El consumo de productos bajos en sodio y grasas saturadas ha ganado mayor aceptación, y las personas empiezan a apreciar la importancia de ser consecuentes con lo que consumimos.


Esto nos deja en una posición agridulce. Los productos dañinos existen porque hay empresas que los producen, mientras que estas empresas los producen porque hay personas que los compran. Hemos logrado que sacar un nuevo producto al mercado cuente con un plus promocional si logra ser rico y saludable. Todo esto ha forzado a los nuevos emprendedores a agudizar su ingenio y aplicar fórmulas más revolucionarias. No obstante, las empresas que producen la comida dañina siguen facturando millones al año y no muestran indicio alguno de que vayan a reformular sus alimentos. Por lo que nos queda una sola alternativa, seguir informando y lograr que cada vez sean más los que opten por un estilo de vida saludable.




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