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Ética del coaching

A la hora de abordar cualquier temática relacionada con la ética, debemos remitirnos indiscutiblemente a la moral. Cuando realizamos o dejamos de realizar determinada acción, producto a que median aspectos morales, estamos construyendo nuestros principios y valores éticos. Dicho esto, la ética profesional es el concepto que define nuestro comportamiento de cara a nuestra concepción sobre aquello que es correcto o no, enmarcando nuestro actuar hacia la sociedad, nuestra competencia y nuestros clientes.


Durante el desarrollo de la presente guía estaremos abordando el tema de la ética del coaching, esbozando algunos de los aspectos básicos que giran alrededor del coach y que configuran el deber ser de su desempeño profesional hacia terceros.



1. La información del cliente debe ser preservada


Al igual que en otras profesiones como en la psicología, la información que es suministrada por el cliente posee un alto valor y debe ser preservada, independientemente de si media o no un contrato de confidencialidad. Cuando un cliente acude a nuestros servicios, este deposita su confianza en nosotros, voluntariamente accede a comunicarnos aspectos de su vida personal que pueden llegar a ser sensibles y que generarían un daño considerable para este en caso de que fuesen puesto en la palestra pública.


Es por ello que una de las características por las que debemos ser identificados dentro de nuestro sector profesional es por la discreción. Una vez que concluye nuestra cita con el cliente, la información debe ser tratada como un bien de alto valor que se encuentra a nuestro resguardo. Solo así garantizaremos que los siguientes encuentros sean desarrollados con entera confianza y que nuestro cliente pueda evolucionar en un ambiente de seguridad.



2. No debemos aceptar trabajos para los que no estamos preparados


Cuando nos disponemos a tratar una problemática determinada de nuestro cliente, debemos saber distinguir si la misma se encuentra dentro de nuestro ámbito de trabajo y si somos competentes para abordarla con efectividad. Nuestro cliente siempre agradecerá que seamos sinceros en caso de no saber cómo ayudarle, antes de que aceptemos un trabajo solo por no contar con la valentía de reconocer que no estamos capacitados para ello.


El respeto hacia nuestro trabajo y las necesidades de quien demanda de nuestros servicios, debe comenzar por ser conscientes de qué es aquello en lo que verdaderamente podemos ayudar y en qué no debemos inmiscuirnos, ya que con el fin de querer solucionar un problema, podemos terminar provocando uno mayor.



3. Mostrar un interés sincero en nuestro cliente


Muchos coach limitan su ámbito de trabajo al tiempo de consulta y trabajo con el cliente, luego de ello se desvinculan por completo del mismo y no se toman la labor de realizar al menos un seguimiento mínimo de las problemáticas que han sido abordadas y la efectividad de las recomendaciones realizadas. Mostrar interés en nuestro cliente es también mostrar respeto hacia nuestro desempeño profesional.


Un coach de vida no es una persona que vende un producto y más nunca vuelve a tener que relacionarse con su cliente. El coach es el que ha generado el camino a transitar y al menos debe interesarse por comprobar si el camino propuesto ha sido efectivo y si el cliente ha encontrado solución a su problema. La empatía comienza por saber identificarse con otras personas, esta habilidad es sumamente necesaria para una profesión de un carácter tan humano como la del coach.


No limites tu relación con los clientes a ofrecer tu servicio, preocúpate por los resultados de estos y tómalos como indicador de tu eficiencia y grado de satisfacción de tu clientela. Cuando el cliente aprecia interés de parte de su coach, entiende que el apoyo que recibe por los servicios pagados no se limita al pago de los mismos, sino que media aspectos humanos que fortalecen la relación entre el cliente y el coach.




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